Una Red para que el maíz libere su potencial en el sur bonaerense

Los maíces tardíos y de segunda avanzan en la región, pero aún es muy necesario generar información local para la toma de decisiones clave como la nutrición. La Red de Maíz del Sur de Buenos Aires busca acelerar el tranco

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Durante la última década, la siembra de maíz tardío en el sudeste de Buenos Aires (SEB) ha experimentado un impresionante ascenso. Desde unas modestas 1,3 millones de hectáreas sembradas hace diez años, hasta alcanzar las 6,48 millones de hectáreas en la campaña 2021/22, el cultivo ha trazado una trayectoria de expansión que no pasa desapercibida.
Este incremento encuentra su razón de ser en los beneficios de la siembra tardía para sincronizar la floración con períodos más propicios en términos de balance hídrico y mejorar la estabilidad del rinde. Camino similar transitan los maíces de segunda que, sembrados luego de cereales de invierno, han cobrado relevancia.
Sin embargo, a la hora de tomar decisiones de manejo, como es el caso de la fertilización, los productores del sur carecen de datos ajustados a siembras tardías y ambientes específicos.
La Red de Maíz del Sur de Buenos Aires de Aapresid, nace justamente para aportar información y responder a las demandas de los productores del sur bonaerense. La misma está integrada por productores, Instituciones como INTA y Universidades.

Maíz tardío: la fertilización bajo la lupa
Uno de los objetivos de la Red es brindar escenarios de formación y especialización profesional para responder a los desafíos locales. En esa línea – y bajo la dirección de Cecilia Crespo y Pablo Barbieri (UIB) -, Lucas Pfeifauf (UNMdP) apuntó su tesisde grado a la fertilización nitrogenada en maíz tardío.
“En los últimos años, la disminución de materia orgánica en el suelo y el consecuente aumento en la demanda de nitrógeno (N) por parte del maíz han generado deficiencias de este nutriente”, advierte Pfeifauf.
A lo anterior se suma la falta de diagnósticos certeros: “la práctica de muestreo de suelos no recibe la atención que merece entre los productores locales”, afirma Pfeifauf sobre una zona donde la fertilización se caracteriza por aplicaciones al voleo, realizados en etapas de máxima absorción por parte del cultivo (entre V4 a V6).
El trabajo de Pfeifauf apuntó a generar información local que permita ajustar la fertilización nitrogenada en maíz ante las condiciones tan particulares que ofrecen las siembras tardías en el SEB.
Un ejemplo es el N que aporta la materia orgánica (MO) del suelo medido como Nan (nitrógeno incubado en anaerobiosis), un indicador esencial para definir la estrategia nutricional en la región. “El Nan es importante tenerlo en cuenta en el SEB por el contenido de materia orgánica que presentan nuestros suelos que hace un aporte importante de N desde el suelo al cultivo. Junto con otras fracciones lábiles del N, conocer los niveles de Nan es clave para un diagnóstico preciso de la fertilidad, permitiendo una nutrición más eficiente y sostenible“, enfatiza.
El estudio de Pfeifauf se desarrolló en tres sitios de la Red durante 2021/22 y analizó la respuesta del maíz tardío a distintas dosis y fuentes de fertilización nitrogenada. Aunque las conclusiones no son definitivas, los hallazgos sugieren una relación directa entre las condiciones ambientales y los resultados de la fertilización. El rinde osciló entre 4.800 y 13.500 kg/ha entre localidades, con variaciones significativas para distintas dosis de N en solo en 2 de los 3 sitios, donde la respuesta se dio con dosis de 30 kg N/ha, sin grandes diferencias en rendimiento con dosis más altas.
Las estimaciones incluyeron el análisis de variables como Nan e índice de verdor. “Ajustar a la zona herramientas como el medidor de clorofila (SPAD) es clave para facilitar a los productores un método sencillo para monitorear el estado nutricional de maíces tardíos y tomar decisiones en base a información certera”.
Otro factor a destacar es que el estudio se desarrolló en parcelas donde el paquete tecnológico y manejo del cultivo es aquel que normalmente aplica el productor en lo que respecta a variables como híbrido, fecha de siembra, densidad o manejo de plagas. Esto hace que el estudio tenga un impacto más directo sobre la toma de decisiones del productor, ya que ayuda a comprender los efectos de la fertilización en su contexto productivo real para luego ajustar su estrategia de manera más precisa y eficiente.
Más allá del aporte del estudio, en la zona persisten desafíos por delante, como el de profundizar la comprensión de las particularidades de los suelos locales y su influencia en las decisiones de fertilización: “la extrapolación de modelos y prácticas generadas para siembras tempranas puede arrojar resultados subóptimos en un contexto tan singular como el sudeste bonaerense, caracterizado por suelos someros y poco profundos”, explica el técnico.
Además de maíz tardío, la Red tiene una línea de estudio apuntada específicamente al maíz de segunda, donde también es clave generar conocimiento local para el manejo de la fertilización. En este caso, la combinación de la alta demanda de nutrientes del cultivo, la baja oferta de un suelo que viene de otra gramínea y la elevada inmovilización de nitrógeno (N) que esta genera, suele acentuar las deficiencias de este nutriente.
Sumado a estas condiciones, la zona tiene otra particularidad: los efectos de la volatilización del fertilizante. Mientras en otras regiones bajo siembra directa los fertilizantes nitrogenados aplicados en superficie (en especial UREA) pueden resultar menos eficientes debido a las pérdidas por volatilización, las bajas temperaturas del sur bonaerense reducen este fenómeno. Así, mientras ensayos en Rafaela y Pergamino revelan que aplicaciones de urea entre diciembre-enero sobre maíces tardíos generan pérdidas por volatilización de hasta el 40%, en el SEB los registros son inferiores al 15%.
Desde la Red aseguran que esto explicaría las diferencias que se ven en la respuesta a la fertilización en maíces de segunda en la zona, ya que afecta directamente la eficiencia de uso de N aplicado (kg grano/kg N aplicado) y el rinde.
Es así que, de la mano del equipo de la Ing. Crespo (INTA-FCA), se destinaron ensayos para entender cómo los ambientes locales influyen en la volatilización y en la magnitud de respuesta al agregado de N que puede esperarse según cada campaña. Los resultados se publicaron en la Revista anual de la Red de 2021/22. (LVP)


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