El efecto pandemia en los márgenes ganaderos

En los últimos tres meses cayeron drásticamente los resultados de la recría y el feedlot mientras la cría se mantuvo sin cambios. Con la incertidumbre, el productor vendió hacienda gorda y compró terneros para cubrirse, contribuyendo a distorsionar los precios relativos entre categorías. Cuáles son las perspectivas de mejora para el ciclo 2020/21. Por Elizalde & Riffel.

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Si bien la actividad ganadera en el país se desenvuelve con bastante normalidad desde que irrumpió la pandemia del coronavirus, ciertos aspectos macroeconómicos como el aumento del tipo de cambio y la caída del precio de los commodities, afectaron los resultados de los sistemas ganaderos. Desde el estudio Elizalde & Riffel compararon los márgenes de diferentes modelos de cría, recría-terminación a corral y feedlot, entre marzo y mayo de 2020, identificando los que quedaron mejor y peor posicionados. Por último, analizaron las perspectivas para que los más castigados vuelvan a ser viables.
El escenario
El primer punto considerado fue el cambio de precios relativos de diferentes variables que afectaron el negocio ganadero durante el período en estudio.Se puede observar que el tipo de cambio y el precio del ternero aumentaron en la misma magnitud (7% y 8%, respectivamente), mientras que se registraron caídas en el precio del maíz y de la hacienda gorda de entre 4 y 5%. Esto tuvo un efecto más o menos significativo sobre los resultados económicos según el tipo de actividad: cría, recría y engorde.
Los modelos
Para la cría se consideró un planteo con una carga de 0,7 EV/ha, un porcentaje de destete del 80%, que se realiza en marzo-abril, con venta del ternero excepto la reposición. Se lleva a cabo en campos bajos de la Cuenca del Salado pero con algún grado de mejora en base a promociones de raigrás.
En cuanto a la recría y terminación, se tomó un modelo de campo bajo mejorado con promociones de raigrás y verdeos de invierno, y terminación a corral. También, otros dos planteos en campo de loma: uno, con recría sobre pasturas de alfalfa hasta los 320 kg y otro con recría a corral, con silo de maíz, hasta los 300 kg. Todos los modelos agregan 100 kg más en la terminación a corral.
Con respecto al feedlot de terminación se analizaron dos alternativas, sin recría previa. Ambas compran terneros de 180 kg y los venden con 320 kg, en un caso engordando con maíz propio y en el otro con maíz comprado, a valor precio pizarra Rosario.
En todos los modelos se asumieron precios de compra y venta de la hacienda de acuerdo al cuadro presentado más arriba, con gastos comerciales del 3% para la cría, 6% de gastos de compra y 7% de gastos de venta.
En campo propioLos cambios en los precios relativos antes mencionados afectaron los diferentes planteos ganaderos, excepto la cría, que sigue siendo una actividad de margen moderado, llegando a 126 USD/cab u 88 USD/ha.
Todos los planteos de recría-terminación y feedlot sin recría se vieron perjudicados debido a la relación compraventa desfavorable que impactó significativamente en el negocio. Entre ellos, el modelo de recría y terminación, todo bajo encierre, fue el más afectado pasando de presentar el mejor margen a generar uno levemente negativo. Esto se debe a que es el que produce más carne por hectárea pero también el que demanda mayor cantidad de terneros (efecto negativo de la compra venta).
En campo alquilado
Los resultados obtenidos por las mismas actividades de cría y recría-terminación varían si se considera el costo del alquiler de la tierra. En el caso del feedlot sin recría previa, el margen es igual al del campo propio dado que el maíz se valora al costo de oportunidad o de compra.La cría en campo alquilado, a diferencia de años anteriores, puede pagar el alquiler de la tierra y generar un resultado levemente positivo.
En contraposición, los modelos de recría-terminación muestran una caída en los resultados económicos, tanto en USD/cab como en USD/ha, a tal punto que la mayoría de ellos dejan de ser viables. Sin embargo, aquellos planteos que alquilan un campo para cría y lo pueden transformar para recriar (mediante promociones de raigrás o implantación de pasturas) y luego hacer la terminación a corral, logran resultados económicos discretos. En cambio, lo que arriendan un campo con aptitud agrícola y recrían sobre pasturas de alfalfa o con silo de maíz (planteos con mayor carga/ha), generan quebrantos a partir las nuevas relaciones de precios.
Para reflexionar
Estos cambios de precios relativos que beneficiaron a unos y perjudicaron a otros, con subas del ternero del 8% y caídas de la hacienda gorda del 4 a 5%, no responden a variables del negocio en sí mismo sino a otros factores, tales como incertidumbre, mayor emisión monetaria y aumento en el tipo de cambio real, lo que motivó a las empresas a tomar coberturas. Esto llevó a vender hacienda gorda y salir a comprar terneros para cubrirse aunque el negocio no lo justifique, distorsionando los precios relativos y modificando drásticamente los resultados de la mayoría de las actividades.
En concreto, la ganadería está atravesando una situación difícil dado que, a diferencia de otros años, inicia el ciclo productivo con variables condicionadas por los efectos económicos locales y mundiales del coronavirus.
¿Qué pasará en 2020-2021?
La recuperación de los márgenes de la recría y engorde dependerá de la mejora de los precios de la hacienda terminada al momento de la venta: tres meses para el feedlot sin recría y un año para los modelos de recría y terminación a corral. De aquí en más, deberá recuperarse también la relación compraventa para apuntalar el margen bruto durante el ciclo 2020-2021.
Para pronosticar qué sucederá, si analizamos la variación de precios de los últimos diez años, desde enero de 2010 hasta abril 2020, se puede observar que tanto el ternero de invernada como el novillo gordo tuvieron un aumento mayor respecto al tipo de cambio.Esto hace suponer que tanto la evolución de los precios del ternero como del gordo, así como la relación entre los mismos, puede llegar a modificarse durante este año o el que viene, con la consecuente normalización de los resultados económicos.
Por: Ing. Agr. Juan C. Elizalde, Ph.D. – Ing. Agr., M. Sci. Sebastian L. Riffel para Valor Carne


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