El aceite de Soja toca el máximo en cuatro años

El aumento en el precio del crudo impulsó el uso de los subproductos oleaginosos para biodiésel. Mientras en Europa rechazan a la harina argentina, por la presencia de variedades no autorizada por ese mercado. Por Pablo Adreani

La matriz mundial del comercio de aceites vegetales está cambiando radicalmente, a partir de la utilización del subproducto de la molienda como biocombustibles.
Tanto el aceite de soja como el de palma están siendo utilizados como combustibles renovables.
Muy recientemente, el precio del aceite de soja en Chicago subió 53,6% impulsado por el conflicto de Medio Oriente, el cierre del estrecho de Ormuz y su influencia en el freno en el paso de barcos petroleros, y la política de biocombustibles impulsada por los Estados Unidos.
El precio del barril del petróleo subió de U$S 60 el barril, previo al conflicto entre Estados Unidos e Irán, a U$S 120 durante esta semana: un incremento del 100%.
Por este motivo, la cotización del contrato mayo del aceite de soja en el mercado de Chicago paso de U$S 1.077 la tonelada a U$S 1654 para la posición futura julio. Se trata del precio más alto desde noviembre de 2022.
En el mismo periodo, al cierre el 5 de mayo, el aceite de soja FOB Puertos de Upriver en el país aumentó desde U$S 1.095 la tonelada a U$S 1.179. Representa un aumento del 7,7 %, muy por debajo del aumento del 53,6% que se produjo en Chicago.
No hay dudas de que el aceite de soja en Argentina no tiene consideración para el uso como combustible, y solo tiene preferencia en la demanda como “comestible” para la alimentación humana.
Lo contrario ocurre en Indonesia con el aceite de palma, país líder en la producción con más del 55% de la participación mundial.
Hoy el país del sudeste asiático utiliza intensivamente el aceite de palma para producir biodiesel como parte de su política energética nacional.
Actualmente, implementa una mezcla obligatoria del 40% (B40) con planes para elevar la mezcla obligatoria al 50% (B50) durante 2026.
Se trata de uno los programas de biocombustibles más ambiciosos del mundo para reducir la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles.
El principal impacto económico es reducir el déficit comercial, a partir de disminuir las importaciones de diésel convencional y aumentar el PBI nacional.
Existen críticas ambientales a esta estrategia, ya que la expansión de las plantaciones de palma para cumplir con la demanda de biocombustibles ha sido señalada como una causa directa de la deforestación masiva, la perdida de biodiversidad y el aumento de los incendios en Indonesia.
El uso de aceite de palma como biocombustible sigue siendo un pilar económico clave para el gobierno indonesio a pesar de las controversias internacionales sobre su sustentabilidad.

Preocupación por la soja argentina
Otro aspecto no menor y con fuerte impacto en el trading es el nuevo conflicto con la Unión Europea (UE) al detectarse embarques de harina de soja con transgénicos que están prohibidos en ese mercado.
Recientemente se detectó material genéricamente modificado no aprobado en la UE, que provocó sorpresa e inquietud entre los compradores del bloque europeo, lo que amenaza las exportaciones de harina de soja argentina.
Los productores y las plantas aceiteras están realizando esfuerzos adicionales para aislar la variedad de soja resistente a sequía. Si bien esta variedad está aprobada en la Argentina y en China, el evento carece de autorización en la Unión Europea.
La alarma surgió por recientes rechazos de embarques de harina de soja argentina por parte de Países Bajos, luego de que análisis detectaran la presencia de la variedad genéticamente modificada.
Si bien este país es, hasta ahora, el único miembro de la UE que ha rechazado embarques, constituye una puerta de entrada clave al bloque europeo.
Muchos de los importadores de Europa están muy preocupados y paranoicos en este momento, señaló Gustavo Idigoras presidente de Ciara-CEC que representa a las grandes empresas de trading mundial radicadas en el país.
En las últimas campañas, Argentina exportó anualmente alrededor de 8 millones de toneladas de harina de soja a la UE, consolidándose como su principal proveedor.
Aunque el bloque europeo ha reducido su participación, representa cerca del 30% del total exportado el país. (Agrovoz)

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