El último viernes, tras 122 años de vida, el Mercado de Liniers cerró sus puertas, y en el día de su despedida, una sensación de nostalgia atravesaba a sus empleados; mientras que en los vecinos y comerciantes de la zona domina la incertidumbre por el destino del predio.
El puntapié inicial que determinó el cierre del Mercado de Liniers comenzó en 2001, con la sanción de la Ley 622 por parte de la Legislatura porteña, que prohibió el ingreso de ganado vacuno en pie al distrito con la excepción de aquellos destinados a exposiciones o actividades especiales.
Recién en 2018 se escogió y se compró el terreno en Cañuelas, mientras que la construcción del nuevo establecimiento comenzó en 2020, con una inversión de 20 millones de dólares.
¿Que pasara con el predio de Liniers?
Los que no saben qué va a suceder con el predio son los vecinos y comerciantes de la zona, cuando a partir de mañana -lunes- se firme el convenio de entrega.
En 2019, la Legislatura porteña aprobó un proyecto para urbanizar el predio bajo un esquema que prevé destinar el 35% de la superficie para la construcción de edificios de viviendas y el 65% restante a espacios públicos, que incluyen la creación de “un “parque temático” con una narrativa relacionada con las actividades rurales, apertura de calles, escuelas y un polo gastronómico.
El terreno es uno de los bienes que, tras ser cedido ese año por la administración nacional al Gobierno de la Ciudad, actualmente se encuentra en un limbo por su jurisdicción y podría regresar, al igual que lo hicieron terrenos ferroviarios en Caballito, a Nación.
“Si no ponen seguridad se van a meter y dicen por acá que están preparando micros para entrar”, comentó Daniel, dueño de una remisería.
Al mismo tiempo, minimiza el argumento de que el Mercado es una molestia para los vecinos ya que, recuerda, “primero vino el mercado, y después se construyeron las casas alrededor”.
Para Mario, vecino de la zona, Liniers forma parte de la identidad como Nueva Chicago, pero su cierre “ayudará a que haya más limpieza en el barrio”.
Por último, a modo de resumen de lo que piensa el barrio, Graciela, propietaria de un kiosco, dijo a Télam que el cierre del mercado “da tristeza”. (Agrovoz)























