La nueva estrategia de extensión del INTA

Ante la limitada adopción de tecnologías básicas en ganadería, el instituto lanzará programas a cuatro años que apuntarán a resolver problemas claves para mejorar la productividad. «Los conocimientos serán transferidos al productor desde el inicio y habrá un prolongado soporte técnico», afirmó el presidente Juan Balbín.

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La adopción de tecnologías disponibles es el talón de Aquiles de la ganadería y una de las limitantes del país para aprovechar las nuevas oportunidades de los mercados. El presidente del INTA, Ing. Agr. Juan Balbín, anticipó a Valor Carne el próximo lanzamiento de una cartera de programas a cuatro años que tendrán por objetivo la intensificación sostenible, es decir la mejora de la productividad preservando los recursos, mediante un fuerte componente de extensión.
“La adopción de tecnología en el país depende de la voluntad individual. En Estados Unidos y Europa, cuando se lanza una línea de extensión hay una política pública que incluye el soporte económico, vía créditos, desgravaciones o subsidios. Acá, por más que esa tecnología esté suficientemente probada, debe haber un convencimiento mucho más profundo del productor para que éste decida asumir el riesgo que implica todo cambio”, planteó.
Por eso, los programas del INTA tendrán un nuevo enfoque: apuntarán a resolver alguna problemática central, se pensarán desde el inicio junto con la extensión y los resultados se medirán en términos de mejora de la productividad.
“En ganadería los índices de procreo son la principal limitante de la productividad a nivel nacional. Tenemos gran cantidad de rodeos subalimentados en invierno lo que afecta la preñez y causa terneros más livianos”, afirmó Balbín, aludiendo a que ese indicador se encuentra estancado en un 65% promedio desde hace décadas.
En cuanto a la nueva estrategia, explicó que se pondrá el foco en tecnologías básicas y de alto impacto en cada una de las regiones. “En el NOA y NEA incluir megatérmicas y paliar el déficit proteico es fundamental. En la pradera pampeana hay infinidad de alternativas para cubrir el bache invernal, que no son aplicadas por distintos motivos. En el sur, se apuntará a diferir forrajes para cubrir los inviernos crudos”, explicó. En cuanto al manejo, prosiguió, “se trabajará sobre cinco o seis prácticas, no más, que deberían ser los ‘mandamientos’ de la ganadería, desde cumplir con el plan sanitario hasta estacionar el servicio y hacer tacto”.
La diaria
Uno de los cambios, como se dijo, será que toda línea de investigación productiva deberá estar acompañada por el extensionista y el productor desde el primer día. “Por ejemplo, una nueva práctica en implantación de pasturas tendrá que ser volcada rápidamente al medio y sostenida mediante un prolongado esfuerzo de convencimiento”, reiteró.
De cualquier modo, aclaró: “no vamos a imponer tecnologías cuando los productores no quieran tomar esos riesgos. La estrategia será acercarnos humildemente y plantear desde el llano las oportunidades de mejora, ya que es muy difícil construir si las expectativas de progreso de los ganaderos son diferentes”.
Otro de los desafíos es salir con la investigación al medio rural, compartiendo experiencias con los productores y otros actores de la innovación. “Ya no se pondrá el foco en esos paquetes tecnológicos que logran muy buena productividad dentro de la experimental, sino que se harán ensayos en los campos de los ganaderos, con sus realidades y su participación, y trabajando codo a codo con universidades, provincias, CREA y Aapresid. Estamos comenzando con esta nueva metodología”, anunció.
¿Por qué ahora sí el productor podría cambiar? “La gran novedad es la fortaleza de los mercados internacionales, lo que nos podrá facilitar ese proceso. Veníamos de décadas de abastecer a Europa y la cuota Hilton, y de un mundo dividido en circuito aftósico y no aftósico que nos relegaba. Ahora se rompió ese esquema y tenemos la oportunidad de llegar a 4.000 millones de personas de los países asiáticos. Esto nos posiciona en precios del ganado superiores a los que estábamos acostumbrados en los últimos 30 años”, subrayó Balbín. Y agregó: “pienso que esta tracción va a posibilitar cambios tecnológicos que hasta ahora implicaban una inversión muy alta con respecto al retorno. Por ejemplo, la implantación de pasturas, la fertilización, la infraestructura, tendrán una ecuación distinta”, aseguró.
Balbín sostiene que la visión del INTA es acompañar a los productores en este proceso, sobre todo a los medianos y chicos. “Pero tampoco podemos ser demasiado optimistas, porque hay algunos que por temas culturales podrán optar por seguir haciendo lo que están haciendo”, advirtió.
¿Medición de impactos? “Se hará desde el primer día. Tenemos recursos limitados, no solo monetarios sino de capital humano, de conocimientos. Parte de las decisiones de qué investigar y qué no, estará definido en función de los resultados proyectados”, aseveró.
La investigación básica
Más allá de las líneas productivas, el titular del INTA confirmó que se seguirá adelante con la investigación básica en temas estratégicos para la ganadería, en particular ciertas enfermedades como leucosis, tuberculosis y retrovirus causantes de diarreas, en las que se está avanzando con vacunas. ¿Financiamiento? “Profundizaremos la complementación y los convenios con las provincias, organizaciones internacionales y empresas privadas. Y me parece muy sana esta modalidad, ya que nos exige ser atractivos para la inversión y eficientes para poder cofinanciar y cogobernar los programas”, argumentó.
El funcionario recordó que hay temáticas en las que el INTA trabaja de esta manera desde hace años con un éxito muy interesante. “Por ejemplo, el desarrollo de semillas forrajeras, sobre todo para ambientes difíciles. Una vez registradas, se licencia la comercialización para facilitar la llegada a los productores y crear oportunidades de trabajo”, indicó.
¿Patentes? “Son estratégica para el INTA, ya que agregan valor a la producción. También permiten estimular a los investigadores que cobran regalías por los logros que son capaces de concretar”, resaltó Balbín, apuntando a que una forma de medir el nivel de innovación de un país es a través de sus patentes.
Latinoamérica en general está muy desfasada con respecto a EE.UU., Japón, Corea e Israel, países líderes en este aspecto. “Si una innovación se difunde primero en medios académicos, perdemos la patente en muchos países. Entonces, ponemos el énfasis en patentar de entrada y después hacer el paper científico”, sostuvo. Y aclaró que “en el INTA, un 30% del total que se cobra por regalías vuelve al investigador principal, un 20% a su equipo y otro 20% a la unidad. Con eso, no sólo brindamos previsibilidad a nuestros recursos humanos sino que logramos retroalimentar futuras investigaciones”.
A futuro
Volviendo a la adopción de tecnología, Balbín destacó que la fuerte demanda internacional impactará en los sistemas productivos. “Los nuevos mercados no solo requieren mayores volúmenes sino carnes diferentes a las que exportábamos históricamente. De cualquier modo, nuestro país es excedentario en granos y dispone de la tecnología para aprovecharlos”, señaló.
¿Cambios? “Actualmente la carga se define en función de la curva de producción de pasto, ajustándola a la menor oferta con algo de suplemento. Pero si se abren todos los destinos externos y la hacienda vale más de USD 2 por kilo vivo, como sucede hoy en Uruguay, la ecuación cierra para inyectar energía a través de silos de autoconsumos durante toda la recría y el engorde”, ejemplificó Balbín, aludiendo a que la Argentina produce 50 millones de toneladas de maíz o sea prácticamente una tonelada por cabeza.
“Esto es algo muy raro en el mundo y nos permite generar una enorme competitividad internacional. La intensificación sostenible es una oportunidad para el país, siempre respetando hasta qué punto el productor quiera tomar riegos y luego sentirse cómodo con su decisión”, finalizó Balbín.
Por Ing. Ag. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne.


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