Extraño debate en torno al peso mínimo de faena

La medida no ha servido para aumentar el peso medio de faena en los últimos doce años, además de dejar margen a los incumplidores. Tampoco existe en otros países y, en todos, ese parámetro es bastante mayor. Deberíamos centrarnos en estímulos y no en prohibiciones para lograr el objetivo. Por Miguel Gorelik.

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Con motivo del dictado de la Res. 74/19 de la Secretaría de Agroindustria, se bajó el peso mínimo para la faena de hembras a 140 kg la carcasa, manteniéndose en 165 kg el mínimo para la faena de machos. Se publicó el miércoles y entra en vigencia el 15 de abril.
Esta norma fue precedida y continuada por un intenso debate institucional, donde primaron las afirmaciones generales, sin fundamento en los números y agitando diverso tipo de fantasmas.
Lo que no deja de llamar la atención.
La posición de Valor Carne es la misma que ha defendido desde que la restricción fue implementada en 2007: una medida de este tipo no sirve para aumentar el peso medio de la faena nacional, que es el propósito explícito de la misma.
Para que la crítica no caiga sobre nosotros también, vamos a fundamentar frugalmente nuestra postura.
Números en mano
· Tras doce años de vigencia, el peso medio de la faena argentina no se ha movido, virtualmente. Se necesita un instrumento de altísima precisión para detectar algún mínimo cambio.
· Esto sólo debería hacer cesar el debate: la norma no ha cumplido ningún objetivo expreso. Aún concediendo que los 8 años bajo las políticas del gobierno anterior no se pueden tomar como referencia, debido a los insensatas prácticas utilizadas para la política sectorial, valga decir que en los últimos tres años, con un marco regulatorio infinitamente mejor, tampoco ha habido progresos en materia del peso medio de la faena.
· En ningún país en cuya economía la ganadería tenga cierta relevancia existe una medida similar. Y en todos ellos el peso medio de la faena es entre bastante y mucho más alto que en la Argentina. En Uruguay es un 10% mayor y en EE.UU. un 60%, ubicándose los demás en algún lugar intermedio.
· Anualmente, en la Argentina se destetan más de 7 millones de terneras. De éstas, se necesitan entre 3,5 y 4,3 millones (entre el 15 y el 18% de las casi 24 millones de vacas existentes) para reponer las vacas que salen de servicio, sólo para mantener el stock. El resto sólo tiene como destino la faena.
· En el último año, cuando todos coinciden en que la faena de hembras fue entre algo más y un número “desesperadamente alto” de hembras, se faenaron unas 2,5 millones de vacas, 1,5 millones de vaquillonas y 2 millones de terneras, totalizando 6 millones de hembras. Hay un margen bastante generoso entre este valor y el de las terneras destetadas como para sufrir demasiado ante la idea de una liquidación de existencias, a causa de esta resolución.
· En cuanto a las predicciones en torno a la caída de la producción debida a la medida analizada, lucen un poco exageradas. Aún en la hipótesis de suponer que la totalidad de las terneras se venían faenando justo en el límite inferior de la norma -supuesto demasiado fuerte, a nuestro gusto- y que, de ahora en más, todas las terneras se corriesen al nuevo límite, se perderían unas 50 mil t de carne (25 kilos en el gancho de 2 millones de cabezas) que representan 1,5% de la producción nacional de carne vacuna. Este volumen de carne se podría recuperar con un levísimo aumento en el peso medio de faena que no involucre una medida tan antojadiza como la que estamos analizando.
· Por otro lado, las teorías pesimistas sobre el tema pecan de la omisión de considerar que la producción de carne de ternera liviana tiene un límite, impuesto por el mismo mercado. O acaso se va a suponer que la demanda doméstica de este tipo de carne, más cara, es infinita?
Del incumplimiento
· Establecer un límite individual, cualquiera sea éste, significa que se aplicarán penalidades no siempre justas, teniendo en cuenta que la capacidad de pesar individualmente, en los campos, en las ferias y en los mercados concentradores es bajísima, aun considerando la tolerancia del 10% por tropa. Con un agravante, el peso mínimo es para la carcasa y al animal se lo puede pesar vivo, con lo que el desbaste a la planta y el rendimiento pueden jugar una mala pasada.
· Además de todo esto, nadie menciona que ni con la mejor buena voluntad del director de Control Comercial Agropecuario, que nos consta que la tiene, ni con los nuevos controladores de faena o cajas negras, se puede evitar que se burle la norma. Entonces esta medida obliga a la empresas cumplidoras, mientras deja mayor piedra libre a los que prefieren andar por la banquina o no saben hacer otra cosa.
Todos estos argumentos nos hacen pensar que un límite en el peso de faena no sólo no sirve sino que es contraproducente.
Tenemos que ser más creativos para ver cómo se hace para que aumente el peso medio por vía de estímulos, además de los que genera el mercado, y no mediante prohibiciones o restricciones.
Por Miguel Gorelik, Director de Valor Carne