Con un remate en Del Campillo, su lugar en el mundo, Alfredo Sebastián Mondino se dio el gusto de celebrar por partida doble. Por un lado, sus 60 años de martillero, un número que muy pocos han podido festejar en actividad; y por otro, los 41 años de la firma consignataria que fundo en su pueblo y hoy es una de las más importantes del país.
Al Negro Mondino la cara lo delata. No sólo porque siempre transmite paz, sino porque tiene grabada una expresión de abrumadora sencillez. Esa simpleza que después demuestra con los actos. Como la de saludar a cada uno de los asistentes a sus remates, por ejemplo. Sólo una muestra. Seguramente los vecinos de Del Campillo tienen páginas para escribir producto de las buenas actitudes del Negro.
Y con esa sencillez y simpleza que lo caracterizan, en estas horas tan especiales para él y su familia, Alfredo aceptó conversar con Damián Hinding en CAMPO total radio y paseó por su historia.
Para arrancar la charla, este cordobés que sigue trabajando todos los días hombro con hombro con su mujer Lidia, se refirió a las claves que ha aplicado para construir una intachable carrera de seis décadas.
“Para ser un consignatario hay que tener seriedad, honestidad, transparencia y siempre priorizar a la persona por sobre el negocio. Uno nunca tiene que ir atrás de un negocio por la comisión, siempre tiene que estar seguro primero de que es un buen negocio para las personas”.
En la linda charla dió algunos detalles que tiene que ver con los códigos que siempre tuvo como martillero. Es sabido que Mondino nunca dio remates en lugares donde había colegas amigos. «Son bastantes lugares en los que nosotros no damos remates porque tenemos códigos. Porque son lugares en los que tenemos amigos colegas. Y nunca iremos a dar una feria a esos lugares ni tampoco abrir una, por más que me digan que la zona es buena. Está bien, dejala que sea buena, pero nunca entramos en terreno amigo. No queremos invadir zona» senteció el Negro.
A la hora de los recuerdos fueron mil los que pasaban por su mente pero se hizo un tiempo pqrq recordar cómo fueron tus comienzos en el martillo. «Comencé a los 22 años, cuando un consignatario que remataba para la cooperativa en la que yo trabajaba, me dijo que tenía que martillar. Este señor, Aroldo Fortuna, que llegó a ser uno de los imartilleros más importantes del centro del país, veía que a mí me gustaba y me hizo rematar. Y así salí rematando» señaló orgulloso y con los ojos vidriosos tras el largo camino recorrido.
Claro que como se dice, detras de un gran hombre siempre hay una gran mujer. Y allí aparece Lidia, conocida por todos como «la Negra», esa enorme mujer que lo acompañó y apuntaló siempre. «Ella fue fundamental para los comienzos, donde había que poner mucho esfuerzo. Mi mujer era docente, pero hubo un momento en el que tuvo que abandonar y se puso firme a la par mía. Y así sigue hoy, haciendo el mismo trabajo, sigue estando en la parte de finanzas de la empresa familia» dijo.
Allí hay que hacer un punto, alguna vez Lidia contó que el era el «simpático» y que a ella le quedaba la tarea más dura, que es cobrar. Y lo confirmó. «Así es. Siempre la administración, que es la parte que no se ve, es la más importante. Siempre se ve al bueno de la película, que soy yo, y atrás está ella, siempre ahí, con las mismas vocación y firmeza».
El pasó del tiempo muchas veces hace que uno mire hace atras. Y en ese recorrido seguramente el orgullo por lo logrado llega hasta lo mas profundo del corazón sobretodo por ser una gran empresa familiar.
«Mis dos hijos, Marcos, el gerente general que está en cereales y maneja las finanzas, y Roberto que está con la hacienda, fueron dos pilares fundamentales para hacer lo que hoy es la firma. Cuando entraron ellos el negocio empezó a levantar. Yo solo no hubiera hecho nada. Y también están mis hijas relacionadas con la firma» dice orgulloso Alfredo.
Allí inevitablemente surge la gran expansión de la firma con la fortaleza de haber logrado armar un equipo de trabajo fenomenal. «El equipo que logramos y lo hicieron los chicos, tanto Marcos como Roberto, han hecho un equipo administrativo, de cereales y de hacienda, muy prolijo, muy ordenado. Y por supuesto siempre supervisado por nosotros».
Una pasión que sigue vigente
Tras 60 años de trabajo en el martillo, la pasión de el Negro que de chico «jugaba a la feria» se mantiene intacta. «Todavía remato, vendo lo gordo, y ahora lo del mercado FaenAr Tv, que está dando muy buen resultado, que es la hacienda que se remata al gancho y a levantar del campo. La verdad amo lo que hago».
Y volviendo a lo de los códigos, pese a que hoy son una consignataria que rematan por TV más de 10.000 cabezas para todo el país, nunca abandonaron a la esencia y siempre los festejos más grandes son en Del Campillo, así demuestra la familia Mondino sus firmes raíces por el pago chico. «Es fundamental que la empresa esté en su lugar de origen. Este es mi pueblo y la gente que empezó conmigo es la de mi pueblo. Y eso no lo cambia nada» mensiona emocionado de vivir sus días en Campillo.
Honesto, sencillo, humilde, apasionado, positivo, de saludo firme, y de solidaridad permanente. Alfredo es de esas personas, de esas que pregonaron e inculcaron con el ejemplo, en las buenas y las malas; siempre. Hoy junto a toda su familia celebras sus 60 años martillando, una especie de cosecha tras tantos años de siembra. «Lo más importante es sembrar, y no es fácil hacerlo. Porque tenés que sembrar con el ejemplo, siempre tenés que dar el ejemplo. Y así uno va haciendo camino al andar como dice el paisano. No hay otra forma» dice con simpleza.
Y vaya que el Negro ha hecho camino…
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