La ganadería y el nuevo gobierno

En momentos en que se esperan definiciones sobre cuáles serán las políticas de Alberto Fernández para el sector, repasamos los avances de la actividad en los últimos años y los puntos de encuentro con la próxima gestión. Qué hacer para potenciar la oferta de carne, sin interferir en las exportaciones. Por Miguel Gorelik.

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En los últimos años, el sector de ganados y carnes ha atravesado diversas situaciones, con más luces que sombras. En esta nota, hacemos una puesta a punto de los logros y las cuestiones pendientes; analizamos las ideas que integrantes del Frente de Todos han dejado traslucir en la campaña y en los días posteriores a la elección; y esbozamos propuestas que, entendemos, servirían para potenciar la producción de carne para consumo y exportación, en beneficio del país.
La historia reciente
Las existencias vienen creciendo gradualmente desde 2012, aunque en el último par de años de manera muy marginal. No obstante, teniendo en cuenta las tasas de interés promedio de ese lapso, que el stock no haya bajado habla muy bien de la vocación y de las expectativas del sector. Además, a la fecha se ha recuperado poco más del 60% de lo perdido en la gran liquidación histórica de 2008-2009.
En materia de precios, durante los últimos seis/siete años el valor real del novillo de consumo se ha mantenido en la mitad superior de las cotizaciones históricas y, hoy, se ubica 10 puntos arriba de esa media. La hacienda de invernada ha tenido menos dinamismo, aunque las vacas se han posicionado en precios relativos altos. Con esta evolución, los márgenes no han acompañado del todo al negocio por los mayores costos y la presión impositiva.
En estos años, la faena ha registrado una evolución bastante estable, sin los picos y valles de fases cíclicas más fuertes, habituales en buena parte de la historia.
La variable más destacada es la de las exportaciones. Luego de su gran debacle, con las reformas de fines de 2015 -unificación y liberación del mercado cambiario, eliminación de derechos de exportación y de los ROEs- comenzó un incesante crecimiento, sustentado también en la valorización real del dólar y en un mercado mundial demandante, especialmente China. En 2019, se estima embarcar unas 800 mil t, cifra no alcanzada en más de cinco décadas. La Argentina ha recuperado, cómodamente, la quinta posición en el ranking mundial.
También se destacan las inversiones en toda la cadena. Muchos frigoríficos se han equipado y ampliado su capacidad productiva, inclusive varios consumeros. Lo mismo ha sucedido en los campos, donde se han realizado inversiones sostenidas que llevaron al aumento de las existencias en 6 millones de cabezas en estos años.
El consumo interno ha descendido en esta década, inicialmente por caída de la producción y, en menor medida, por el reciente aumento de las exportaciones, lo que se vio compensado por el mayor consumo de carnes de ave y de cerdo. De todas maneras, la Argentina sigue en el podio mundial en consumo per cápita de carne vacuna, lejos de lo que registran economías mucho más ricas que la nuestra.
Otro punto destacable, es la tarea en la fiscalización tributaria que permitió avanzar en la transparencia del comercio con medidas como el empadronamiento de los operadores, el control de la faena y el pago de anticipos del IVA y de la seguridad social. Pero aún falta un largo camino para recorrer hasta alcanzar un mercado competitivo, sin distorsiones por evasión.
También hubo avances en la fiscalización sanitaria, pero se necesita más.
Mirando la eficiencia productiva, existe una gran deuda en el porcentaje de destetes a pesar de las mejores expectativas. Como lo ha probado la experiencia de Uruguay, más allá de los estímulos económicos y la apertura de mercados, la adopción de tecnologías depende de un conjunto de factores sociales, culturales y ambientales.
Por último, la irrupción de las Agtech significará sin dudas una revolución que potenciará la producción de carnes, aunque su penetración en la ganadería hasta el momento es limitada.
Las posibilidades
Frente a esta evolución favorable, analizamos algunas medidas mencionadas por diferentes actores del próximo gobierno durante la campaña electoral y luego de la elección.
Acuerdo de precios: es un tema que no puede ni aparecer en la agenda de la cadena de ganados y carnes, a causa de su extrema atomización. No hay ganadero ni feedlot tan grandes, ni frigorífico de escala, ni cadena de carnicerías ni de supermercados, que acaparen tanta porción del mercado, como para influir sobre los valores, aunque firmaran un acuerdo con el gobierno.
Precios máximos: en un contexto de alta inflación, existe un fuerte riesgo de implementar una medida como ésta. Otra dificultad es que el abanico de precios para el mismo corte o similar, es muy amplio, sea por la categoría del ganado, por la región geográfica o, inclusive, por los barrios. Unificar en un solo precio significará frustrar el segmento de mayor poder adquisitivo u obligar a los más necesitados a pagar valores por encima de los que fijaría un mercado libre. Además, se favorecería a los operadores marginales, con empleo precario y menor pago de impuestos.
Aumento de derechos de exportación: afectaría negativamente la muy buena tendencia que muestran las ventas externas, que este año podrían superar los USD3.500 millones, incluyendo menudencias, en un momento en que el país necesitará divisas que no aparecerán fácilmente desde el circuito financiero. Para 2020 este monto podría ser superior aún.
Tipo de cambio: el país ha convalidado el nuevo valor del peso, después de mucho tiempo de un tipo de cambio sobrevaluado artificialmente, que llevó a un déficit comercial importante. Dejarlo valorizar, por usar el ancla cambiaria como herramienta de lucha antiinflacionaria sería una enorme picardía, con un final traumático, a la corta o a la larga, que hemos visto demasiadas veces. También introducir tipos de cambio múltiples o permitir una brecha importante entre el tipo de cambio comercial y el que fija el mercado, llevarán al mismo destino negativo.
Acercando miradas
Existen numerosas herramientas que pueden apalancarse en el presente boom exportador para potenciar la producción de carne y generar una mayor oferta y una mejor distribución al conjunto de la población.
Aprovechar las oportunidades del mundo: no conviene poner trabas a una actividad que está consiguiendo traer riqueza creciente al interior del país. Es más, hay países que todavía no aceptan las carnes argentinas como Japón, Corea del Sur y Taiwán, con los que se está conversando. Además, el avance en las negociaciones con Canadá, la Alianza del Pacífico, la EFTA y muchas otras, así como la aprobación de la ya cerrada con la Unión Europea, permitirán superar la descompetencia que generan los aranceles en diversos mercados y darle al sector una agresividad no conocida en las últimas décadas.
Avanzar en el cumplimiento tributario: Es posible pensar que todavía estamos lejos de un acatamiento masivo. Hay un 98% de cumplimiento en las obligaciones de pago a cuenta de IVA y de la seguridad social vinculadas con la faena, pero no hay información sobre el pago del resto que queda después de esos anticipos, que son una parte pequeña del total. Se puede mejorar los sistemas de inteligencia fiscal para reducir la evasión, lo que será una fuente interesante de ingresos y, al mismo tiempo, mejorará las condiciones de competencia alentando la inversión en el sector.
Mejorar prácticas ganaderas y capacitar personal: se puede articular el esfuerzo público-privado para difundir y adoptar mejores prácticas ganaderas que tenga como objetivo principal aumentar los porcentajes de destetes, muy distantes de las ganaderías más avanzadas. El incremento en la producción de carne que se puede producir será muy relevante.
Trabajar en impacto ambiental: los centros de investigación deben profundizar sus acciones para medir el impacto ambiental de la ganadería, considerando emisión pero también captación, con indicadores de base científica, de manera de desarrollar mecanismos de mitigación así como defender al país en los foros internacionales.
Contribuir al consumo de sectores postergados: la mayor parte de la literatura económica coincide en que los subsidios, cuanto más cerca se apliquen de su objeto, más efectivos son. Subsidiar a toda la población, cuando la que lo requiere es un segmento menor, es un enorme despilfarro de recursos, más allá de quién lo financie. A la hora de pensar en subsidiar a los menos favorecidos, habrá que hacer foco en determinados cortes, los más adecuados para los sectores populares y en cantidades acordes a una dieta saludable. Otro recurso es facilitar la importación de ciertos cortes desde mercados de menor precio siguiendo por ejemplo la experiencia de Uruguay. Muchas veces se pueden traer de Brasil, aunque ahora la relación de valores no es favorable, o de la India, que es el segundo exportador mundial y siempre ha tenido menores cotizaciones.
Comentarios finales
Un trabajo del Frente de Todos que analizamos hace poco tiempo en Valor Carne, hizo una fuerte autocrítica de la política agropecuaria aplicada en 2005-2015. Pero al faltar precisiones sobre qué herramientas consideraba erradas, no se permite prever cuáles sí son las que adoptarían a partir del 10 de diciembre.
Cuanto más parecido sea el rumbo al que ha fortalecido a la cadena cárnica en los últimos años, más rápido se tomarán decisiones que contribuirán a generar nuevas inversiones, empleo de calidad, producción, exportaciones e impuestos.
Un enorme sector, responsable de casi un 5% del PBI y otro tanto de las ventas externas, espera que se vayan despejando los interrogantes a la brevedad. La ganadería es una de las pocas actividades agropecuarias, quizás la única, que está presente en las 23 provincias argentinas y que genera la mayor radicación de personas en las zonas rurales y en pequeñas ciudades del interior.
Por Miguel Gorelik, Director de Valor Carne


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