La creciente de los ríos Paraná y Uruguay vuelve a poner en alerta a los productores ganaderos de Entre Ríos. En las zonas de islas y campos ribereños, el avance del agua obliga a acelerar los movimientos de hacienda, afrontar elevados costos de traslado y buscar alternativas para mantener los animales fuera de las áreas inundables. El escenario preocupa no solo por las dificultades inmediatas, sino también por sus posibles consecuencias sobre la producción y la oferta de ganado en los próximos meses.
Hoy en diálogo exclusivo con CAMPO total radio, Sergio Dalcol, presidente de la Federación de Asociaciones Rurales de Entre Ríos (FARER), describió una situación especialmente compleja en la zona del Paraná, desde La Paz y el departamento Paraná hasta Diamante y Victoria, donde los movimientos de hacienda se intensificaron ante el avance de la creciente.
“Los movimientos son muy intensos, las barcazas prácticamente van y vienen”, explicó el dirigente, al señalar que los productores de las islas siguen la evolución de los niveles de los ríos y utilizan la información de los puertos ubicados aguas arriba para estimar cuándo llegará el agua a sus establecimientos.
Si bien el comportamiento de la creciente permite anticipar algunos movimientos, la incertidumbre sobre el momento exacto en que el agua alcanzará cada campo obliga a actuar con prudencia. En las zonas ubicadas más al sur, la situación podía parecer relativamente tranquila, pero Dalcol advirtió que los niveles pueden aumentar rápidamente por el ingreso de agua desde el norte, las precipitaciones intensas y los vientos del sur o sudeste, que dificultan el escurrimiento.
Evacuar la hacienda, una operación millonaria
Uno de los principales problemas es el costo de retirar los animales y conseguir nuevos lugares donde alojarlos. Los propietarios de campos inundables deben buscar arrendamientos alternativos, mientras que quienes trabajan bajo contratos de arrendamiento o pastaje necesitan encontrar otros establecimientos para continuar con la actividad.
La dificultad es doble: a medida que crece la demanda, los campos disponibles comienzan a escasear y los gastos de traslado se vuelven determinantes.
Para dimensionar el impacto económico, Dalcol mencionó que, según le transmitieron productores de la zona, una hora de trabajo de una barcaza puede costar alrededor de dos millones de pesos.
“Salir antes sería fácil, pero es costoso”, resumió el presidente de FARER, al explicar por qué muchos productores intentan postergar la evacuación hasta el último momento posible. La decisión implica un equilibrio difícil entre reducir los gastos y evitar que el avance del agua ponga en riesgo la hacienda.
Coordinación para facilitar los traslados
Dalcol destacó que la situación se venía anticipando desde hacía varios meses y que FARER, junto con otras entidades de la Mesa de Enlace y organismos de los gobiernos provincial y nacional, trabajaba desde mayo y junio para facilitar la operatoria cuando llegara el momento de evacuar los animales.
Entre los temas abordados mencionó la habilitación de barcazas, que deben cumplir con los requisitos correspondientes, y la documentación necesaria para trasladar la hacienda.
En ese sentido, señaló que se procuró coordinar acciones con las autoridades y la Policía para agilizar los trámites sanitarios y los documentos de tránsito cuando la emergencia dificulta cumplir con los procedimientos habituales en tiempo y forma.
El objetivo es facilitar los movimientos sin desconocer las exigencias reglamentarias, en un contexto en el que cada demora puede complicar la salida de los animales. Para el dirigente, la colaboración entre las instituciones resulta fundamental frente a una emergencia que exige respuestas rápidas.
Una realidad que forma parte de la vida ribereña
El presidente de FARER también se refirió a la relación de los productores y habitantes de las zonas ribereñas con las inundaciones recurrentes. Según explicó, quienes viven y trabajan en esos lugares conocen la dinámica de los ríos y saben que, cada cierto tiempo, determinados sectores vuelven a quedar bajo el agua.
“Forma parte del acervo cultural de una persona que produce ahí o que vive ahí”, señaló.
Dalcol consideró que las obras pueden contribuir a aliviar algunas consecuencias, pero advirtió sobre las limitaciones para evitar por completo las inundaciones en áreas naturalmente expuestas a las crecidas. Esa convivencia histórica con el agua, sin embargo, no elimina las dificultades económicas y productivas que cada nuevo episodio genera.
Más oferta ahora y menos hacienda a futuro
Más allá de la emergencia inmediata, Dalcol puso el foco en las consecuencias que podría dejar la creciente sobre el mercado ganadero. En una primera etapa, estimó que podría registrarse un exceso de oferta de animales, debido a que algunos productores se verán obligados a vender antes de lo previsto para evitar mayores costos o porque no cuentan con alternativas para mantener la hacienda.
La situación se vuelve más compleja para quienes trabajan con novillos pesados destinados a exportación. El dirigente mencionó que algunos establecimientos de las islas no cuentan con las inscripciones necesarias vinculadas al sistema de trazabilidad y certificación de la Unión Europea conocido como VISEC, lo que agrega dificultades a la comercialización de esos animales.
La combinación de ventas forzadas, mayores gastos y limitaciones comerciales puede presionar sobre los precios que reciben los productores.
Pero el efecto no terminaría allí. Dalcol advirtió que la salida anticipada de animales y las dificultades para sostener los rodeos podrían reducir la disponibilidad futura de hacienda, tanto por una menor cantidad de terneros como por la pérdida de kilos y el deterioro de los indicadores productivos.
“Posteriormente, lo que va a hacer es que va a faltar esa hacienda precisamente a un año visto”, alertó.
El impacto, explicó, podría alcanzar a una región ganadera más amplia, especialmente en la actividad de cría que caracteriza a buena parte del Litoral. Por eso, el problema no debe medirse únicamente por la cantidad de animales que hoy necesitan ser trasladados, sino también por las consecuencias que esas decisiones tendrán sobre la producción futura.
El pedido de acompañamiento económico
En el cierre de la entrevista, Dalcol agradeció la solidaridad expresada con los productores afectados y remarcó la importancia de que las autoridades acompañen al sector en el marco de la emergencia declarada.
En particular, hizo hincapié en la necesidad de contemplar el peso de las obligaciones impositivas en un momento en que los establecimientos deben afrontar gastos extraordinarios para retirar y reubicar la hacienda.
La creciente vuelve a exponer la vulnerabilidad de la producción ganadera en las zonas inundables del Litoral. Para los productores entrerrianos, la prioridad es poner a salvo los animales y sostener la actividad; para el conjunto de la cadena, el desafío será absorber las consecuencias de una emergencia que podría repercutir en los precios, los rodeos y la disponibilidad de hacienda durante el próximo año.


















