La Soja es la caja y el Maíz, la liquidez

La industria aceitera trabaja a niveles récord, el girasol atraviesa un momento excepcional y los productores todavía conservan unas 55 millones de toneladas de granos sin vender. Para Pablo Adreani, la clave está en entender que esa mercadería no está retenida necesariamente por una apuesta al precio: es la “caja” del productor para afrontar sus compromisos.

En su columna semanal en CAMPO total radio, el analista de mercados Pablo Adreani hoy lunes puso el foco sobre uno de los datos más relevantes de la actualidad agrícola argentina: la enorme cantidad de granos que todavía permanece en poder de los productores.
Según el último Monitor Agroindustrial elaborado por CIARA-CEC, durante junio la molienda de soja alcanzó las 4,14 millones de toneladas, el mayor volumen registrado para ese mes. En el acumulado enero-junio se procesaron cerca de 19,8 millones de toneladas, apenas 1,8% por debajo del mismo período del año pasado.
Pero el dato que más sobresale aparece en el complejo girasolero. En junio se molieron 549.000 toneladas, mientras que durante los últimos tres meses el procesamiento se ubicó entre 540.000 y 570.000 toneladas mensuales, configurando registros históricos.
En el primer semestre, la molienda de girasol llegó a 2,9 millones de toneladas, un 28% más que en igual período de 2025Para Adreani, este crecimiento está directamente relacionado con la fuerte demanda internacional de aceite, en un escenario condicionado por el conflicto entre Rusia y Ucrania y sus consecuencias sobre los principales países importadores.

Paraguay, una pieza clave para la industria aceitera
Otro de los datos destacados por el analista es el nivel de utilización de la capacidad instalada de la industria aceitera argentina.
Actualmente se encuentra en torno al 84%, aunque si se excluye la soja importada desde Paraguay mediante el régimen de importación temporaria, ese porcentaje cae al 68%.
Es decir, la soja paraguaya permite elevar en aproximadamente 16 puntos porcentuales el uso de la capacidad industrial argentina.
Durante enero-junio ingresaron al país 4,8 millones de toneladas de soja bajo este régimen, de las cuales el 97% provino de Paraguay y apenas el 3% de Brasil.
El mecanismo permite importar soja, procesarla en Argentina y luego reexportarla como harina y aceite. Además, existe una ventaja adicional: la soja paraguaya posee un elevado contenido proteico, lo que permite mejorar la calidad de la harina de soja producida por la industria local.

28,4 millones de toneladas de soja esperando dueño… o precio
Pero la verdadera fotografía del productor aparece al analizar los stocks comerciales.
Adreani señaló que los productores argentinos todavía tienen 28,4 millones de toneladas de soja sin vender y sin precio fijado.
Ese volumen representa aproximadamente el 57% de una producción estimada en 50 millones de toneladas.
Y allí aparece una diferencia fundamental respecto de lo que muchas veces se interpreta como “retención”.
Para Adreani, el productor no necesariamente está esperando que la soja suba para venderla. La lógica es otra: la vende cuando necesita liquidez.
La soja, en ese sentido, funciona como una especie de reserva de valor.
El productor puede mantenerla almacenada y transformarla en dólares cuando necesite afrontar compromisos, comprar insumos o financiar la próxima campaña.
“El productor está líquido en dólares, pero no en dólares billete: está líquido en soja”, resumió el analista.
Y esa definición permite entender buena parte de la estrategia comercial que está detrás de los enormes stocks de granos.

Maíz: una estrategia completamente diferente
En maíz, la situación cambia. Los productores todavía tienen unas 13,8 millones de toneladas sin vender, equivalentes al 34% del saldo exportable, estimado en 40 millones de toneladas.
Sin embargo, la comercialización del cereal responde a una lógica diferente a la de la soja.
El maíz, explicó Adreani, suele ser una “papa caliente” para el productor una vez cosechado. Por eso, una parte importante se comercializa directamente de la tranquera al puerto.
La razón es económica. El maíz produce mucho más volumen físico por hectárea que la soja y, por lo tanto, requiere mayor infraestructura para ser almacenado. Retenerlo implica afrontar flete corto, almacenamiento y, eventualmente, embolsado.
La venta directa permite evitar costos que pueden ubicarse entre 15 y 20 dólares por tonelada.
Por eso, la estrategia del productor maicero es generar liquidez a medida que avanza la cosecha.

55 millones de toneladas en manos del productor
Si se suman las existencias de soja y maíz, y se incorporan trigo, girasol, sorgo y cebada, entre otros cultivos, la cuenta llega a un número impactante: alrededor de 55 millones de toneladas de granos permanecen todavía en poder de los productores.
Es una enorme reserva de mercadería y, al mismo tiempo, una de las grandes variables que tendrá la economía agropecuaria durante el segundo semestre.
El Gobierno espera que parte de ese volumen se transforme en ventas y, consecuentemente, en ingreso de divisas.
Pero Adreani advierte que esa liquidación no necesariamente ocurrirá porque el productor espere una determinada cotización.
La venta llegará cuando aparezca la necesidad.
Y esa necesidad puede estar vinculada con compromisos financieros, compra de insumos, alquileres, impuestos o la financiación de la próxima campaña.

El maíz primero, la soja después
En estos días, esa dinámica se ve claramente en los puertos.
El ingreso de camiones con maíz prácticamente duplica al de soja, impulsado por el avance de la cosecha de segunda.
Para Adreani, este patrón comercial continuará mientras avance la cosecha de maíz de segunda.
Después, cuando ese flujo comience a disminuir, probablemente la soja vuelva a ocupar un papel central como fuente de liquidez para los productores.
La conclusión es clara: el productor argentino tiene una enorme cantidad de riqueza almacenada en sus campos, silos y bolsas.
No son solamente granos esperando un mejor precio. Son, en buena medida, dólares guardados en forma de mercadería.
Y será la necesidad de transformar esos granos en efectivo la que determine cuánto de esas 55 millones de toneladas llegará al mercado durante el segundo semestre.

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