La soja y el maíz, con el peor escenario productivo y económico

Ambos cultivos tendrá un fuerte recorte en área, producción por hectárea e ingresos de divisas. El clima de los próximos meses será determinante para el sector agrícola. Por Pablo Adreani

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La sequía ya se llevó puesta la producción 2023 de soja, con una merma de 11 millones de toneladas; al igual que la de maíz, con una disminución de 13 millones de toneladas. Además de las pérdidas ya ocurridas en trigo.
Solo en tres productos –maíz, aceite de soja y harina de soja– se proyectan una caída en el ingreso de divisas de U$S 9.740 mil millones.
Dos instituciones de peso, como la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) y la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), blanquearon esta semana en sendos informes las pérdidas ya ocurridas e irrecuperables en la producción de los cultivos de verano.
El informe de la BCR dio por terminada la siembra de soja en 16 millones de hectáreas; su contenido destaca que es algo inédito que no se pudieron sembrar 1,1 millón de hectáreas más. Hasta hace un mes se esperaban sembrar un área total de 17,1 millones de hectáreas.
En este escenario, ninguna provincia alcanza los 27 quintales por hectárea en la primera estimación de soja 2022/23. Incluso el año pasado que fue una campaña complicada, las tres principales provincias productoras, Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires, superaron la marca de los 27 quintales.
“Argentina sufre un gravísimo escenario, ya se estima una caída del 25% en la producción respecto a los 49 millones de toneladas que se esperaban con un escenario climático normal en diciembre. Ya se dan por perdidas 12 millones de toneladas de soja y se estima en 37 millones de toneladas, que será la tercera peor cosecha argentina de los últimos 15 años”, precisa el informe de la BCR.
Por su parte la BCBA considera dos hipótesis de producción de soja para 2023. La más moderada proyecta 41 millones de toneladas, versus 48 millones de la estimación inicial, y otra más negativa de 35, 5 millones toneladas.
Para la entidad bonaerense, la significativa reducción en los niveles de producción implica bajas sobre las exportaciones de granos y subproductos.
Las ventas al exterior de trigo rondaría los 5,8 millones de toneladas, con una caída del 47% respecto a la proyección inicial, mientras que en cebada se esperan operaciones por 2,19 millones de dólares, 35% menos en relación al escenario inicial.
Para el maíz, las exportaciones podrían rondar los 28 millones de toneladas (optimista) o de 21 millones de toneladas (pesimista) que implica una disminución de un 16% y 36%, respecto a la estimación inicial.
Si se toma el escenario más pesimista para el maíz, es decir exportaciones por 21 millones de toneladas, la caída en el ingreso de divisas con respecto a las exportaciones del 2022, equivale a U$S 4.560 mil millones.
En el caso del complejo soja, el volumen exportado en aceite y harina de soja, en relación al comienzo de siembra, se estima 16% más bajo en el escenario más optimista o 29% en el escenario más perjudicial: entre 6,4 millones y 11,4 millones de toneladas menos.
Con esta última hipótesis, el volumen de molienda de soja para todo 2023 se proyecta en 30 millones de toneladas, contra 39 millones durante el 2022. En términos de ingreso de divisas significa una caída de U$S 1.846 millones en aceite de soja y de U$S 3.334 millones en harina de soja.
Si vamos al análisis de los números finos, y que tendrán mayor impacto en la economía 2023, sumando maíz, aceite y harina de soja en su menor ingreso de divisas, los tres productos totalizan U$S 9.740 mil millones por debajo a las proyecciones de comienzos de campaña.
El impacto negativo puede ser todavía mayor si las condiciones climáticas no mejoran, la sequía continúa y la condición de los cultivos se va desmejorando. Eso se traducirá en menores rindes y menor producción y saldos exportables.
Si bien se dio por terminada la siembra de soja, todavía falta sembrar el 30% de la superficie de maíz, equivalente a 2,2 millones de hectáreas. La superficie con maíz de segunda o tardío podría superar 70% del total; y por las hectáreas que quedan todavía por implantar podemos decir que el final está abierto. La moneda está en el aire… (Agrovoz)


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