Escacez de oferta: Una realidad que no se revierte con cepos

La primera falacia consiste en pretender aumentar la oferta de novillitos y vaquillonas bajando la compuerta de las vacas. La gran mayoría de la hacienda que hasta entonces exportábamos no es mercadería que estemos restando de la mesa del consumidor argentino, básicamente es otro tipo de producto el que consumimos. Por María Julia Aiassa

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Sin comprender en absoluto el mercado de ganadero, el gobierno nacional bajó las compuertas para la carne, asumiendo que esa simple maniobra elevaría el nivel de oferta para el mercado local, cual agua en una represa.
Como si fuera poco, asume que el aumento de los precios de la carne en góndola responde exclusivamente a una cuestión de escasez de oferta, sin poner atención en los excesivos costos que carga el producto en cada uno de los eslabones de la cadena. Ese famoso “costo argentino” al cual no solo la carne está expuesta.
Basta con observar los aumentos que registran los principales rubros que componen el Índice de Precios al Consumidor medido por el INDEC para comprobar que la inflación de precios, no es una cuestión sectorial sino un mal que afecta,sin discriminación alguna, a todos los rubros económicos.
Ahora bien, volviendo a la cuestión de la oferta, quienes conocen del mercado de ganados y carnes comprenden claramente que el flujo de oferta no se eleva con un cepo. La primera falacia consiste en pretender aumentar la oferta de novillitos y vaquillonas bajando la compuerta de las vacas. Como ya hemos mencionado en Lotes anteriores, la gran mayoría de la hacienda que hasta entonces exportábamos no es mercadería que estemos restando de la mesa del consumidor argentino, básicamente es otro tipo de producto el que consumimos.
En segundo lugar, la oferta ganadera este año sin dudas es menor. La cantidad de terneros y terneras destetadas este año, con seguridad no es la misma que en 2020 donde alcanzamos una zafra récord de casi 15 millones de cabezas. Este año la disponibilidad es menor porque partimos de un menor número de hembras en servicio que, a su vez, sufrieron muy malas condiciones climáticas tanto durante las pariciones como en los primeros meses de lactancia, algo que en ciertas zonas no solo restringió los kilos obtenidos, sino que, incluso, elevó significante los niveles de mortandad pre destete.
El mismo movimiento de animales registrado por SENASA en los primeros cuatro meses del año ya refleja un menor número (-1,2%) de terneros y terneras saliendo de los campos, pero fundamentalmente una proporción significativamente menor ingresando a feedlots, casi un 15% menos que en igual período del año pasado. En este sentido, la presión que ejerce la suba del maíz en los costos de suplementación claramente está retrasando el ingreso de la hacienda a los corrales, en un intento de ganar más kilos a pasto. Sin embargo, tarde o temprano esta hacienda debería aparecer para su terminación a menos que, efectivamente, estemos en presencia de un faltante real de terneros y terneras más importante del que esperábamos, hipótesis que por el momento no pueda ser descartada. En definitiva, de confirmase este faltante de terneros, tampoco es algo que pueda revertirse en lo inmediato, imponiendo un cepo de 30 días a la exportación.
Finalmente, en tercer lugar, debemos hacer mención al efecto que inevitablemente generarán estos cepos sobre la productividad del stock. En un escenario políticamente incierto, donde apostar a ciclos producticos largos eleva exponencialmente el riesgo del negocio, donde el único canal de comercialización  que se intenta proteger demanda animales jóvenes y livianos, donde el costo financiero obliga a reducir los ciclos de producción, el aumento genuino y sostenible de la producción de carne que necesita generar Argentina se vislumbra como una meta cada vez más difícil de alcanzar.
Bajo esas condiciones, en los últimos 12 años, Argentina perdió unos 2,5 millones de cabezas de novillos de su stock. Basta con hacer una simple cuenta para arribar a la pérdida que esto significó en términos de producción.
Asumiendo un peso medio por res de novillo de 280kg, hoy podríamos estar obteniendo unas 700.000 toneladas adicionales de carne. En términos per cápita, unos 15 kg por habitante por año.
Efectivamente, un cepo a la exportación puede cambiar el nivel de oferta, solo que no en la dirección que se intenta comunicar.  Prensa ROSGAN


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