Las vacas y la publicidad de las estadísticas

La reciente difusión mediática de la recuperación del número de cabezas de esta categoría en los últimos diez años, refuerza la importancia de dar a conocer públicamente, mes a mes, todos los datos del sector.

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La semana pasada, Luis Miguel Etchevehere, Secretario de Agroindustria, anunció que en 2018 se recuperó el número de vacas equiparándose al nivel de las existencias de 2007, tema que fue reproducido ampliamente en los medios. Es una buena noticia, aunque se trata de una afirmación basada en estadísticas que no son conocidas, es decir, públicas.
SENASA elabora estimaciones de stock muy detalladas, por categoría, partido o departamento y provincia desde fines de 2007. Para ello, utiliza datos provenientes de las campañas de vacunación antiaftosa, de los registros que se realizan en las oficinas locales del Servicio y de la innumerable cantidad de DTEs con que la hacienda se mueve entre campos y con destino a mercados y plantas de faena.
Es decir, se basa en un caudal de información que permite estimar el stock de vacas con una calidad que ningún especialista privado puede emular.
Sin embargo de toda esta información, SENASA sólo hace públicos los datos al 31 de marzo de cada año, que todos los analistas usamos. Parecería que tales estimaciones se hacen para cada mes desde hace más de 10 años, pero sin darlos a publicidad, como si fuera algo secreto o estratégico, en lugar de ser un insumo valioso para toda la cadena.
Entonces, si el anuncio se basó en la comparación entre marzo de 2008 y marzo de 2018, cuando efectivamente éste había superado por primera vez a aquél, parece un poco extemporáneo. Tal afirmación, hecha 11 meses más tarde, suena fuera de lugar.
Pero como en la referencia se menciona como base a 2007, nuestra interpretación es que el secretario aludió a la comparación entre diciembre de ese año y diciembre de 2018, que sí constituye una novedad mucho más fresca.
Y nos parece formidable que el gobierno maneje esas cifras pero también creemos que deben hacerse públicas, como ha ocurrido desde 2016 con otros rubros de la economía, para que puedan ser analizadas por cualquiera que tenga interés, con el riesgo de que haya múltiples interpretaciones de las mismas.
Tal difusión podría terminar con el debate latente sobre si la ganadería argentina entró en la fase de liquidación o si, como nos inclinamos a pensar nosotros, las existencias siguen aumentando lentamente. También, si está mermando la cantidad de vientres para las operaciones con China y Rusia, y si la supuesta alta faena de vacas preñadas está afectando la producción de terneros. Incluso podría ser la materia prima de estudios de empresas de insumos y servicios para ganados y carnes, que requieren planificar sus negocios sobre datos ciertos.
La afirmación del otro día del secretario Etchevehere puede servir como disparador para ofrecer todas las estimaciones realizadas a la luz pública y, así, poder conocer un poco más de sector tan relevante.
Por Miguel Gorelik, Director de Valor Carne