“El Border Collie me ha enseñado mucho”

La entrenadora de perros arrieros, Ana Julia Toledo, destaca la genética de trabajo de esta raza capaz de manejar diferentes tipos de haciendas colaborando con el bienestar animal.

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De chica Ana Julia Toledo iba al único cine que existía en San Julián, en la patagónica provincia de Santa Cruz, y soñaba con tener algún día un perro como los que veía en las películas inglesas que se proyectaban en blanco y negro, “esos que trabajaban con las ovejas porque siempre me gustó el perro que cumple una función, no entendía a un perro puramente como mascota”, recuerda.
Al principio tuvo un Bull Terrier, luego un Border Collie, pero confiesa entre risas que en aquellos tiempos ni siquiera sabía que los perros tenían distintas razas. “En Santa Cruz tenía un campo en donde había perros que trabajaban y eran de gran ayuda, algunos eran protectores y otros pastores”, comenta. Con el tiempo se fue interiorizando más sobre el tema hasta que la vida la llevó a vivir por dos años en la ciudad de Buenos Aires donde conoció la Federación Cinológica Argentina en la que realizó un curso de entrenamiento canino. Pero lo que Ana Julia quería era “llevar a mis perros al campo y que trabajen ahí”, por eso se unió a la Comisión Nacional de Pastoreo, que pertenece a la Federación, donde conoció a una persona que la invitó a Brasil y allí “empezó el camino de ida sin retorno”, afirma quien desde hace muchos años no solo es entrenadora de perros arrieros sino también secretaria de la Sociedad Argentina de Perros Arrieros (SAPA).

Border Collie, un perro con genética de trabajo
Si bien hay muchas razas de perros que se utilizan en el campo, el border collie es el único que tiene un método de trabajo heredado de los británicos, quienes estudiaron su forma de interactuar con los otros animales. “Son perros con una genética muy marcada de trabajo, por eso se cuidan mucho las cruzas”, explica Toledo. Sin embargo, aclara que no sirve cualquier Border Collie nacido en el campo, “tiene que ser con genética de trabajo probada porque sabe que en ocho o diez generaciones, el instinto de pastoreo se pierde”.
Las características de esta genética de trabajo son muy marcadas: lectura del rebaño, interés constante por la hacienda, ganas de complacer a su dueño y un rápido aprendizaje. “Tiene que saber leer muy bien el lenguaje corporal de la hacienda a la distancia para saber hacían dónde se le va a disparar el animal”, afirma la entrenadora.
Desde SAPA están trabajando en un pool de sangre para recuperar la tradición de los Border Collie como perros arrieros, con un pedigree bien marcado con lo que se necesita en Argentina, “perros que sean fuertes y que presionen”.

Moldear lo que se trae de fábrica
Los Border Collie son perros arrieros que pueden trabajar con todo tipo de hacienda: vacas, ovejas, cerdos, gallinas o patos, por ejemplo. Desde que nacen saben lo que tienen que hacer, por eso Ana Julia aclara que “más que adiestrarlos, lo que se hace es moldear lo que traen de fábrica”.
De esta forma, con solo dos meses, el cachorro se para frente a los animales y muestra todo su potencial de raza adoptando una postura agazapada, atenta, con su colita baja y rodeando la hacienda. “Al verlo así ya sé que ese perro va a trabajar”, asegura la especialista. Al principio se lo pone frente a un grupo de animales mansos para enseñarles que el perro los va a conducir. Se les da un tiempo para que se genere el vínculo que, si bien siempre es de presa y depredador, es de respeto mutuo.
Con paciencia y dedicación se comienza a enseñarle las tareas que deberá realizar una vez que llegue a la adultez y madurez mental, lo que ocurre unos ocho meses después aproximadamente. Algunas de las funciones que estos perros realizan en el campo son cambiar de potrero al ganado, cargar la hacienda en la manga de un camión, sacar una vaca que se metió al rio o cuidar a una oveja recién parida mientras su dueño chequea al cordero. “A mí no me interesa que el perro me dé la patita, lo que quiero es que cuando lo llame venga, que se quede echado en un lugar sin moverse, que respete lo que yo le digo y que trabaje únicamente cuando yo lo mando”, detalla Toledo. Para hacer su función, el Border Collie no ladra, no muerde ni se tira encima de la hacienda, sino que trabaja en silencio, sin provocar estrés a los animales, por lo que son además una gran ayuda para cumplir con las normas de bienestar animal.

Una relación de confianza
Siempre se dijo que los perros se parecen a sus dueños y en el caso de los arrieros esta parece ser una de las reglas a cumplir según cuenta Ana Julia: “Como con todos los animales, primero te tiene que gustar el perro, su carácter. Hay que buscar el perro que sea para cada uno. Si soy una persona tranquila, necesito un perro tranquilo. Es un compañero de trabajo”. Y así fue como compatibilizó con sus dos aliados que desde hace años la acompañan en las tareas de su campo en Santa Cruz: Fika, que significa una pausa agradable en el trabajo y Juky (sal en guaraní) que también se luce en los torneos regionales de perros arrieros que se realizan en Brasil.
El trato entre el entrenador y su perro empieza con un lenguaje corporal que luego suma algunas órdenes sencillas como ir por la izquierda, por la derecha, llevar, traer, separar la hacienda o hacer que mire para atrás porque dejó animales en el camino. “El dueño confía en su perro y el perro en su dueño, de forma que puede hacer su trabajo incluso solo escuchando el sonido de un silbato si está a lo lejos”, asegura la entrenadora de Border Collies y agrega que “esta raza trabaja para la persona con el animal que le ponga enfrente, por eso tienen que tener la confianza en nosotros de saber que nunca los vamos a mandar con un animal si no están capacitados para hacerlo”.

Con mirada de mujer
En los últimos cinco años creció mucho la presencia de la mujer como adiestradora de perros arrieros. Una de las razones, comparte Ana Julia Toledo, es que “la mujer tiene más paciencia, ve más el detalle y tiene una mirada más maternal con estos perros” que, en su caso, no duda en decir que ocupan un lugar muy importante en su vida. “No solo significan compañía, sino también un nexo para crear vínculos, grandes amistades, me han llevado a conocer lugares increíbles, otros tipos de vidas y culturas. El Border Collie, particularmente, me ha dado grandes alegrías, satisfacciones y me ha enseñado mucho a mí como persona: la paciencia, la resiliencia, a observar. Todos los días aprendo algo nuevo con ellos”, reconoce sin ocultar su emoción. Por Paola Papaleo | Expoagro


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