Primer productor que evaluó consumo residual en su campo

Hace ciclo completo, desarrolla genética y hace dos años instaló comederos individuales para medir eficiencia neta de conversión, avanzado hasta lograr una camada de 200 toros con esta información. “En ganadería necesitamos tener costos lo más bajos posible porque el precio final lo pone el mercado. Entonces, buscamos animales que coman menos pero que produzcan lo mismo”, afirma Daniel Bovetti.

Compartir:

Daniel Bovetti es médico veterinario, tiene una empresa familiar con campos mixtos en Córdoba y hace 20 años fundó un emprendimiento de genética junto con el Ing. Agr. Luis de Santa Coloma, uno de los creadores del Limangus, que dejó un legado para la mejora de la ganadería. Ahora, dio un paso más transformándose en pionero en medir consumo residual (RFI) en su propio establecimiento, un carácter estratégico para la eficiencia productiva en la nueva era de alimentos caros.
“Con Luis nos conocimos por el interés en criar Limangus. Veníamos haciendo cruzas de Angus con Limousin y nos resultó más fácil utilizar esa raza ya estabilizada. Entonces, formamos una sociedad, él nos proveyó su genética y nosotros la multiplicamos”, recordó Bovetti, refiriéndose a los comienzos de la cabaña La Tregua-Santa Coloma, que además de ejemplares para venta provee los toros para su propio rodeo comercial.
La idea de Santa Coloma era tener un biotipo productivo, desde la concepción hasta el producto final en la góndola. “Siempre me decía: lo más importante es que el animal esté adaptado a la zona y dentro de esto que sea lo más eficiente posible”, apuntó.
Con esta visión, los Bovetti hacen la cría el centro oeste de San Luis y la recría pastoril y engorde a corral al sur de Córdoba. De este modo, terminan novillos Limangus de 18-20 meses de edad, que dan medias reses de 130-150kg, con rindes del 62%, y cruzas de distintas razas con padres Limangus, que logran 60- 61% al gancho.
Así las cosas, partiendo de un buen biotipo para la producción de carne y con todos los parámetros básicos estabilizados y medidos, surgió un nuevo desafío para la cabaña. “¿Cómo seguimos mejorando?”, se preguntaron, siempre pensando en 5 a 10 años adelante. En tal sentido, siguiendo las mediciones de consumo residual llevadas adelante por el Ing. Agr. Aníbal Pordomingo, en el INTA Anguil, y tras un viaje a EE.UU. donde vieron la gran difusión de estas pruebas, fijaron nuevas metas.
“Nos pareció muy importante tener animales de una misma camada que pudieran ahorrar un 20% de comida y producir lo mismo, de punta a punta del ciclo”, contó, aludiendo a los datos disponibles de RFI tanto a pasto como a grano”, planteó. Esto, prosiguió “en nuestro caso, engordando 800 novillos, por año, podríamos ahorrar la ración de 160, disminuyendo costos y fermentación ruminal y, por lo tanto, contaminando menos”.
Comederos inteligentes en La Tregua- Santa Coloma
¿Por qué decidieron medir RFI en La Tregua? “Después que se terminó la primera prueba en el país, que se hizo con el CREA Cabañas en 2108, nos daban la oportunidad de ingresar 5 animales para testaje, porque los otros comederos estaban ocupados, había mucho interés. Pero nosotros, con 200 toros contemporáneos, queríamos ir por más”, rememoró. La solución vino por el lado de Pordomingo, que les ofreció su guía y asesoramiento, y del Ing. Agr. Gustavo Sueldo, de Agro Sin Fronteras, que se ocupó del seguimiento estadístico.
“Aníbal tira el centro, ataja el córner, es el árbitro, hace todo, y no tiene tiempo para llevar registros. Y con Sueldo, trabajan en conjunto, con el mismo programa bioinformático, hay un ida y vuelta de información. Con este apoyo, nos lanzamos”, justificó Bovetti, aludiendo a las inversiones para poner en marcha la estación de testaje.
El primer paso fue comprar doce comederos ‘inteligentes’ a una empresa de Venado Tuerto, Balanzas Hook, que hizo un convenio con el INTA Anguil, donde se desarrolló esta tecnología. “Son mucho más baratos que en otros países y funcionan 10 puntos, tienen un equipo técnico joven que los instala llave en mano. Y con esta cantidad podemos evaluar 100 animales por camada”, señaló.
La primera prueba de La Tregua, con 90 toros, se terminó en agosto de 2020, plena cuarentena. “Luego comenzamos con las tandas para 2021, que se terminaron el 15 de enero. Son los 200 ejemplares que, por primera vez, se venderán con información de RFI”, comentó. Y anticipó: “la proyección es comprar otros 12 comederos en el segundo semestre para evaluar 200 animales en simultáneo, apuntando a un total de 500 toros”.
¿Harán selección por RFI? “Si. Queremos incluir este carácter en nuestra población, sin descuidar ninguno de los otros ya logrados, carcasa, grasa, músculo, porque con los años, cuando estos genes se vayan distribuyendo en el rodeo, vamos a tener animales más eficientes en consumo y conversión alimenticia. En ganadería, como no hay ventas a futuro, podemos manejar el costo de producción, pero no el valor de venta, que depende de las circunstancias de la Argentina, algo que no es fácil de predecir”, argumentó Bovetti. Y remarcó: “Nuestro objetivo es producir carne para consumo y exportación lo más barato posible, en forma amigable con el ambiente”.
Los datos
A la hora de presentar los resultados de la prueba de La Tregua- Santa Coloma, Sueldo refrescó el significado del consumo residual (RFI).
“No hay que confundir conceptos, RFI no es lo que queda en el comedero después del consumo. Es un parámetro que surge de calcular la diferencia entre el consumo registrado y el estimado según lo que necesita el animal para mantenerse y crecer”, explicó. En ese sentido, indicó que dentro de una misma población hay animales que comen menos para producir los mismo que sus pares (RFI negativo), o sea que son más eficientes, y otros que comen más (RFI positivo), es decir que son menos eficientes.
Luego, el especialista mostró un cuadro con datos de 93 toros contemporáneos, que ingresaron con 339 kg promedio y fueron alimentados con una dieta a base de maíz molido, silo de maíz, heno de alfalfa y expeler de soja.
“Cada comedero tiene una antena que reconoce la caravana cuando el animal mete la cabeza por la reja para comer. A su vez, el alimento está soportado por balanzas de pesadas continua que registran cuánto consumió. Esa información es enviada a una central informática donde se procesa y se correlaciona con las pesadas de los animales que también se hacen regularmente”, describió Sueldo.Fuente: Agro Sin Fronteras. Área de ojo de bife (AOB), grasa dorsal (GD), grasa de cadera (GC) grasa intramuscular (GI), circunferencia escrotal (CE), ganancia diaria de peso vivo (ADPV), coeficiente de variación (CV).
“Si uno observa los toros, fenotícamente son todos iguales, pero estos comederos nos permitieron identificar aquéllos que tienen RFI negativo y positivo, y evaluar otros parámetros en ambos subgrupos”, aseveró.
Algo llamativo es que los aumentos de peso diario (1,47 kg/día vs 1,52 kg/día) y los kilos producidos (82,5 vs 85,1kg), no variaron significativamente, o sea, que los animales llegaron a un peso final muy similar (420 kg). Tampoco hubo variaciones en el área de ojo de bife, grasa dorsal, grasa de cadera, grasa intramuscular ni circunferencia escrotal.
“Lo más importante es que en el consumo hubo un 17% de diferencia y en la eficiencia de conversión un 14%, a favor del grupo con RFI negativo, como se ve en el cuadro. Entonces, si las ganancias de peso no variaron, el haber comido por debajo de los esperado es lo que hizo a la mejora en la eficiencia de conversión”, subrayó Sueldo y presentó un gráfico que muestra una relación lineal entre ese parámetro y el margen del engorde.¿Qué pasó con el negocio? “Como teníamos datos, toro por toro, cuánto consumió y cuánto produjo, le pusimos precio a la comida y a los kilos producidos y calculamos el margen. Así, corroboramos que los ejemplares de mayor resultado son los de mejor eficiencia de conversión (entre 5 y 6 kg de alimento por kilo de carne producido). Es más, con una fórmula identificamos que el 82% del margen lo explica la eficiencia de conversión”, afirmó Sueldo, resaltando que ésta es la situación que se busca en todos los feedlots.
“Con la información a la vista, nuestro plan es seleccionar toros con RFI negativo para mejorar la eficiencia de conversión de la población, ya que no afecta otros parámetros productivos, ni siquiera el área de ojo de bife, una fortaleza del Limangus. Será nuestra impronta”, concluyó Bovetti.
Los pasos a seguir
Para Pordomingo, la experiencia de La Tregua, primer establecimiento que evaluó RFI en más de 300 toros, es muy importante.
“Es una empresa privada y sus resultados van en línea con los de las pruebas realizadas en el INTA Anguil, con animales Angus, Brangus y Braford de distintos campos y regiones”, afirmó.
En todos los casos lo saliente es la variabilidad genética, que abre la oportunidad de seleccionar animales más eficientes en consumo de alimento. “En La Tregua, vimos que aún dentro de una población con igual origen y manejo, se detecta esa diversidad”, destacó Pordomingo, detallando que RFI es un carácter de buena heredabilidad, aunque complejo y costoso de medir. “Vale la pena explorarlo. Por eso, es clave instalar otros centros de testaje para contar con información de mayor cantidad de ejemplares y poder traducirla a datos genéticos”, finalizó.
Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne


Compartir:
  •  
  •  
  •  
  •