La ganadería argentina frente a un escenario complejo

La importancia de la planificación ante la probable ocurrencia de eventos desfavorables.

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El Índice de Viabilidad Económica Ganadera –desarrollado por las áreas de Ganadería y Economía de CREA– muestra que los valores actuales de la hacienda no son suficientes para cubrir los costos de un corral de terminación de novillitos.
“Aún bajando los costos de producción en torno a un 10%, el modelo seguiría generando márgenes negativos porque los valores de la hacienda son bajos en la actual coyuntura”, explicó Santiago Fioretti del área de Ganadería de CREA durante la última reunión virtual organizada por la comisión.
Se requeriría un ajuste del precio de la hacienda liviano del orden del 10% respecto de los valores actuales para poder compensar el incremento en los costos de producción debido a la recomposición del precio del ternero y la suba sostenida del precio del maíz.“La relación maíz/carne es actualmente la más desfavorable de la última década, al tiempo que el principal cliente del sector ganadero –el consumidor argentino– cuenta con una capacidad de compra muy limitada”, sostuvo Santiago.
En lo que respecta al novillo pesado de exportación, la demanda europea comenzó a ralentizarse con el advenimiento de la “segunda ola” de la pandemia de Covid-19, al tiempo que China sigue asegurando una demanda firme de cortes provenientes de vacas con valores inferiores a los vigentes un año atrás pero superiores a los del primer trimestre del año.
Si bien las precipitaciones ocurridas en la última semana contribuyeron a recomponer las reservas de humedad en diferentes regiones pecuarias, el hecho de que los pronósticos anticipen lluvias inferiores a las normales durante el próximo verano enciende una luz de alarma para el sector ganadero.
“Las sequías en la Argentina han tenido siempre más impacto en los sistemas de cría, que son los que cuentan con menor margen de acción frente a restricciones hídricas”, comentó José Lizzi, líder de la Comisión de Ganadería de CREA. “En ese sentido, cada empresa, en función del sistema productivo y región en la que se encuentre, debería analizar cuáles son todas las alternativas disponibles para enfrentar una restricción hídrica con el menor nivel de daño posible”, agregó.“En algunas situaciones podrá evaluarse, por ejemplo, encerrar recrías para dejar todo el pasto disponible a las vacas, mientras que en otros podría pastorearse un cultivo de fina que no va a rendir lo esperado o bien cambiar cultivos de cosecha por verdeos de verano; cada empresario –con la asistencia del asesor CREA– tendrá que evaluar todas las opciones”, recomendó.
Uno de los efectos del “cambio climático” es el incremento de la recurrencia y severidad de los eventos extremos. A eso hay que sumarle la transformación de los sistemas productivos agropecuarios ocurrida en las últimas dos décadas, donde se incrementó la carga animal y se intensificaron los sistemas ganaderos con el propósito principalmente de ampliar la superficie agrícola o bien de incrementar el flujo de ingresos para cubrir el costo de oportunidad creciente de la tierra.
“La interacción entre el factor climático y la intensificación del proceso productivo expone en mayor medida la fragilidad de los sistemas ganaderos en situación de déficit forrajero, especialmente en momentos donde el contexto macroeconómico se vuelve desfavorable. Eso, más allá de la situación actual del país, se debe a que en los momentos de sequía generalizada el precio de la hacienda baja por el aceleramiento en las ventas a la vez que los alimentos se vuelven más escasos y demandados”, advirtió José.
El líder de la Comisión de Ganadería de CREA indicó que, si se incluye de manera estratégica la variabilidad propia del sistema en la planificación, las empresas pueden prepararse adecuadamente para paliar el impacto forrajero, productivo y económico que podría generar una sequía.
Prensa CREA


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