Un hombre con alas

El pringlense Edgardo Sánchez está próximo a cumplir 55 años como piloto profesional. Una historia de placer y trabajo desde el aire.

146

Dicen que veinte años no es nada, pero aquí -y como inauguración de ésta sección de nuestra web- contaremos una historia de mas de media década de pura pasión en el aire devenida a un medio de vida. Una de esas ricas historias de vida contada por el pringlense Edgardo Sánchez que está a punto de cumplir nada menos que 55 años como piloto de avión.
El relato de la amena charla matiza épocas pasadas y su vigencia arriba de la aeronave tanto por placer como por trabajo. “De mayo a septiembre de 1963, cuando tenia 18 años, estuvimos volando en el Aero Club de Coronel Pringles con un instructor piloto de la empresa de fumigar que Bustos tenía en la ciudad” cuenta Edgardo sobre sus comienzos como piloto. Agrega que “durante ese tiempo hicimos todo el curso y desde el 1º de Septiembre de 1963 tengo la patente de piloto” comenta orgulloso mientras muestra su licencia.
Sobre sus primeros pasos admite que voló mucho tiempo en el Aero Club de la ciudad. “En esos años no había caminos y se volaba mucho con viajes a los campos. En esos años había cinco comercios, entre casas ferieras y veterinarias, tenían aviones particulares. Comencé realizando ese trabajo de transportar a productores, así pasábamos el tiempo volando” dijo.

La Licencia de Piloto del 01/09/1963

La primer empresa propia
“En 1974 compramos un avión para fumigar con Gabriel Hardoy, Jorge Diez y Julio Sánchez. Allí comenzamos una época de trabajo que se extendió en el tiempo y llega hasta hoy ininterrumpidamente” disparó Sánchez contando una aventura que pasaba de hobby al desafío empresarial. Luego detalló que en 1982 la sociedad pasó a ser solo con Jorge Diez y a partir del 2002 la empresa ya es unipersonal ubicada sobre la ruta provincial 51 en inmediaciones de Coronel Pringles.
Por tantos momentos vividos dentro de los aviones dejaron su huella. Edgardo afirma que “en algún tiempo volé con el psicofísico al límite al igual que ahora por un problema auditivo en un oído producto del sonido mismo del avión” admite mientras detalla que en 1979 obtuvo la licencia de AeroAplicador. “Las condiciones de trabajo no siempre fueron las mejores, hemos pasado años con aviones que no eran los de ahora, volábamos como podíamos. Luego de un tiempo transcurrido pudimos tener los aviones en condiciones y estar mas tranquilos pudiendo tener ahora aviones excelentes. Hoy no solo se trabaja mejor porque las unidades son una maravilla sino porque la logística en tierra nos permite volar y cuando bajamos que alguien nos atienda el avión mientras tomamos unos mates. Antes teníamos que hacer todo” exclama agradecido de la logística actual que posee Sánchez AgroAérea.
Allí no quedan las novedades. Sánchez afirma que los trabajos cambiaron. “Hoy también debemos decir que las formas de aplicación y volúmenes son distintos, hasta los productos son diferentes. Hoy los aviones no trabajan al límite y eso nos da mucha tranquilidad. Además hay hasta productos que casi ni olor tienen. Si bien es cierto que hay una movida importante con respecto a los agroquímicos hoy son muchísimos menos tóxicos que los de hace tiempo y además se ha dado un paso muy importante porque la mitad de los productos que se utilizan hoy son ecológicos” sentenció.

La Licencia de Aeroaplicador, la número 829 del país

Mucho trabajo
“La verdad ha cambiado la cantidad de trabajo, es mas tengo cuadernos guardados con todo el detalle de trabajos con la cantidad de hectáreas. Allá por el año 80 hacíamos de 8 a 10 mil hectáreas anuales” recuerda con números metidos en su cabeza. “Ya a partir del año 2000 aproximadamente hacemos entre 15 y 20 mil hectáreas anuales. Esa es la media de trabajo que tenemos, quizás no es exagerado ni tampoco es poco. Sucede que con esos volúmenes no nos permiten hacer inversiones importantes” admite el “hombre con alas”.
Mientras la agradable charla se llevaba a cabo, con momentos de emociones a flor de piel, Edgardo detalla que “son muchos años, felizmente hemos llegado bien. Yo he tenido la suerte suficiente para nunca tener ningún problema en el aire, es mas por ahí alguna se me pasa por la cabeza pero capaz la cuente el día que deje de volar” comentó sonriente para sacar adelante un momento emotivo.
Dentro de lo positivo, Sánchez rescata el trato con la gente y la perpetuidad de los clientes. “Hace muchos años cuando teníamos los aviones chicos estábamos obligados a bajar en los campos, eso nos permitió conocer mucha gente. Eso es una de las gratificaciones de éste trabajo que hasta puedo decir que tengo clientes de aquella época de cuando arranqué. Si hoy miro la planilla de trabajo la mitad de los clientes son los mismos que hace mas de treinta años” admite orgulloso.
Entre el placer y el trabajo
“Es muy lindo todo los que nos pasó con la aviación y me permite disfrutar mucho de lo que hoy hago ya en la última parte. Empecé a volar como un hobby y hoy me encuentro con que fue un medio de vida haciendo lo que me gusta. Hoy quizás ya en el tramo final pienso en que dejar de trabajar es dejar de volar” sostuvo mientras sacaba un portarretrato con la imagen de sus padres cuando aún eran novios delante de un avión.
Y allí nos cuenta. “Mi padre era piloto, era un tipo especial. Por eso a uno le picó el bichito del avión y pasamos varios años volando como hobbie, lo que nunca pensé que volar se iba a transformar en el medio de vida que iba a tener toda la vida” afirma satisfecho. Sánchez además de ser un tipo generoso y recto es muy agradecido.
Recuerda sus inicios y resalta la figura de Raúl Bustos. “Él fue muy generoso cuando arrancamos, el nos ayudó mucho cuando empezamos. Bustos nos permitió conocer con una empresa nueva de fumigación toda su experiencia” al tiempo que tiró una frase lapidaria: “A volar se aprende solamente volando”.
Habla de la actualidad Sánchez y sostiene que “hoy uno siente que con la aviación agrícola tan desprestigiada y tanto tiempo volando no es nada fácil bajarse del avión. Hoy con el avión me siento cómodo y tranquilo, no me pesa. Vuelo las horas que hay que volar pero también es cierto que con dos aviones podemos organizarnos mucho mejor”.
Edgardo con una historia de trabajo y familia vive un momento muy particular. “Nosotros no tenemos un avión para pasear y hasta lo hemos intentado pero la situación no está como para eso”. Allí el piloto entiende que la historia se repite con la de sus padres.
“Hoy en día disfruto con Santiago mi hijo menor de salir a volar con el avión de trabajo. No le inculqué el amor al avión pero el igual vive rodeado de aviones todo el día, me da un no se que…pero en el fondo me gusta” admite orgulloso.
Ya en el cierre de la nota, esas que siempre es un placer enorme realizar, casi sin darse cuenta Edgardo Sánchez resume sus casi 55 años de piloto con una de las frases mas importante de la entrevista: “Si volvería el tiempo, atrás volvería a hacer lo mismo”.
Podríamos escribir muchas líneas, pero esa frase final pinta en cuerpo y alma a un verdadero “Hombre con Alas” que llega a los 55 años en el aire de la región recogiendo respeto y admiración de quienes tenemos el gusto de conocerlo y tratarlo.