La fuerza de una investigadora en ganadería intensiva

Desde el INTA Villegas tuvo la oportunidad de especializarse en EE.UU. y hoy está devolviendo el esfuerzo público en conocimientos prácticos para el sector. La mejora del 30% en la eficiencia de conversión con la inclusión de burlandas en recrías a corral y el manejo del comedero del feedlot para reducir desperdicios, sin afectar el peso de la carcasa, son algunos de los aportes de la Ing. Agr. Irene Ceconi.

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Hija de una docente en Nutrición Animal, Irene Ceconi estudió agronomía y siempre tuvo vocación por la producción animal. La fortaleza de su empeño la llevó a especializarse en el tema, primero con una maestría en el país y luego con un doctorado en la Universidad de Minnesota, Estados Unidos. A partir de 2007, en el INTA Villegas, enclavado en una zona donde predominaba la invernada pastoril, apuntó a un tema clave: la intensificación sustentable. Desde Valor Carne, recreamos la trayectoria y los principales trabajos de la joven investigadora que hoy está en el pico de su producción intelectual y genera información útil para el ganadero, en recría y terminación a corral, además de formar recursos humanos que el día de mañana tomarán la posta en la modernización de la actividad.
“Mi madre fue decana de Agronomía en Rosario, de chica me llevaba al tambo de la facultad y desde entonces me incliné por la ganadería. Siempre quise hacer estudios de posgrado y como primer paso, después de ahorrar tres años para financiarme, cursé la maestría en Producción Animal en Balcarce. Mi sueño era entrar al INTA y finalmente se abrió un concurso en el INTA Villegas. Fui seleccionada y tiempo después me respaldaron para formarme en el exterior”, contó Ceconi. Y agregó: “si un investigador se ausenta algunos años para hacer un doctorado, tiene que firmar un compromiso y trabajar en la institución el doble de tiempo para que el país no pierda esa inversión. Pero mi idea siempre fue volver, me encanta mi tarea”.
A su regreso, continuó desarrollando líneas de investigación en recría a corral y feedlot de la mano de un fuerte aporte de la cooperadora de la experimental, que armó un feedlot adaptado para dar sustento a los estudios.
“Se construyeron 24 corrales para medir distintas variables productivas. También instalaciones especiales donde, en paralelo, podemos evaluar la fermentación y digestión ruminal en forma individual. Esto nos permitió dar un salto importante en cantidad y calidad de información”, apuntó, detallando que asimismo se potenció la formación de capacidades profesionales, ya que en todos los ensayos se incorporan estudiantes de grado, posgrado o doctorado, que toman este aprendizaje como parte de sus tesis.
En la recría
El puntapié inicial de las investigaciones en recría de terneros a corral fue la información de un trabajo que Ceconi había hecho en Balcarce, durante la maestría, en el que analizó datos de campos asesorados por el nutricionista Juan Elizalde, quien promovió esta estrategia en el país desde hace 17 años.
“El corral permite programar mejor las ganancias diarias de peso de los terneros en otoño e invierno, a diferencia del pastoreo que es más impredecible. Adicionalmente, con los kilos logrados en la recría, es posible reducir el encierre de terminación, algo importante ya que el novillo tiene mayores requerimientos de alimentos y menor eficiencia de conversión”, afirmó.
Entre los ensayos, se hicieron varios probando el efecto de la inclusión de burlanda en dietas de recría y terminación. “La viabilidad de la burlanda no depende solo de los resultados productivos sino también de la factibilidad económica, que va en línea con la distancia a la planta de bioetanol. En Villegas, estamos en una zona límite, a casi 400 km de Villa María, que es donde está la más cercana”, indicó. En este contexto, prosiguió, “el impacto en dietas de recría es altísimo, mejora un 30% la eficiencia de conversión y eso paga prácticamente cualquier flete. En cambio, en terminación, el resultado es bueno, pero mucho más marginal”.
¿Por qué es más beneficioso en recría? “La burlanda es un muy buen complemento para forrajes de mediana a baja calidad. En el corral, la ración es de base fibrosa, puede llevar un 60% de silo de sorgo forrajero, por ejemplo; entonces, agregándole un poco de burlanda, la conversión ‘explota’, por decirlo de alguna forma. En cambio, en terminación, con setenta y pico por ciento de maíz, que es un alimento excelente, la mejora es moderada y entra a tallar más el costo relativo de ambos componentes”, explicó.
Según la investigadora, hay algunos antecedentes de utilización de burlanda en recría como suplementación en pastoreo, pero no en recrías a corral. “O sea, que en ese sentido el aporte del INTA Villegas es novedoso incluso a nivel internacional”, subrayó.
En el engorde
Un trabajo liderado por la especialista que va al corazón del negocio del feedlot es el manejo de comedero, a través de la oferta de alimento, para maximizar la eficiencia de conversión.
“La hipótesis atrás de esto es que no se logra una mejor conversión cuando el animal consume al 100% de su capacidad, si no cuando lo hace al 90-95%. El tema es cómo poner en marcha esto a nivel práctico, es decir, cómo hace el productor para restringir el consumo voluntario en forma precisa”, planteó.
Frente a este desafío, en el INTA Villegas se evaluaron distintas frecuencias para ir aumentando la oferta de alimento y, en función de ello, se seleccionó la mejor opción. “Íbamos al comedero a la mañana y establecíamos una escala. Si estaba pelado o lamido, le poníamos cero, no había remanente de comida; si quedaban unas miguitas, lo calificábamos con un uno y si tenía más migas, con un dos y, en este caso, estimábamos el rechazo”, contó. ¿Cómo se manejó la oferta? “Si veíamos miguitas, le dábamos la misma cantidad de comida que el día anterior, si había rechazo, se la bajábamos, y si estaba lamido, esperábamos 1, 2, 3 ó 4 días consecutivos para aumentar la oferta”, detalló.
En base a este diseño se compararon los resultados tanto de consumo como de rendimiento al gancho. “Identificamos que cuando esperábamos cuatro días de comedero lamido, los animales comían un 5% menos que los que lo hacían a voluntad. O sea, no llegamos al 10% de restricción, pero aún así observamos mejoras, porque esos animales, a pesar de haber consumido menos, produjeron carcasas del mismo peso”, aseveró Ceconi, presentado información de alto interés para el feedlot, tanto desde el punto de vista productivo, como económico y ambiental.  “En concreto, habría que esperar cuatro días de ausencia de rechazo antes de incrementar la oferta de alimento”, aconsejó.
¿Nuevas líneas de trabajo? “Sí, hace 15 días sumamos un ensayo con un aditivo dietario, cuyo objetivo es mejorar la salud ruminal y hepática. La idea es validar que al disminuir riesgos de acidosis, comunes en las dietas intensivas, se controlaría también una de las principales causantes de infecciones hepáticas asociados a esa problemática”, contestó Ceconi, refiriéndose a un convenio entre el INTA y el laboratorio Phibro Animal Health que hoy, a pesar del Covid-19, se está implementando con el equipo humano de la experimental trabajando a pleno y con todos los cuidados necesarios.
“Aún con la pandemia seguimos generando conocimientos para la producción de carne. En otros lugares del mundo, en situaciones como las que estamos viviendo, la gente agradece a los productores por los alimentos que brindan a la mesa. En la Argentina, no se advierten los esfuerzos que hacemos. Yo soy investigadora del Estado y nosotros no paramos. El campo somos todos”, finalizó.
Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne


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