Lo bueno y lo malo del Gobierno nacional en materia agropecuaria

Un balance de los logros y fallas que deja la administración de Cambiemos en el agro. Por Pablo Adreani

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Veamos qué podemos destacar como lo positivo y negativo de la gestión del gobierno de Macri para el sector agropecuario. La primera gran medida positiva implementada había sido la eliminación de las retenciones. Con esta sola decisión, el Gobierno desbloqueó las fuerzas productivas y tecnológicas que estuvieron adormecidas durante mucho tiempo.
La primera consecuencia directa sobre el sector fue la posibilidad de poder incluir en el esquema de rotación al trigo y al maíz, al devolverle competitividad natural. Al poder incluir a los cultivos de invierno y de verano en la rotación la recomposición de los suelos fue positiva y dio al sistema una mejor sustentabilidad.
Se produjo una explosión en las siembras de ambos cultivos y se lograron producciones récord que permitieron llegar a una última cosecha global récord de 143 millones de toneladas. La producción de trigo llegó al histórico de 22 millones de toneladas, y el maíz superó los 51 millones de toneladas. La posibilidad de poder incluir al trigo en la rotación permitió a los productores volver a tener la caja de fin de año, mejorar su situación financiera y poder llegar mucho mejor desde el punto de vista financiero a la cosecha de maíz y soja.
La cosecha récord de maíz permitió a la Argentina volver a ocupar el segundo puesto como exportador mundial y desplazar a Brasil y a Rusia. Además de mostrar al mundo que sin retenciones somos uno de los países más competitivos en el comercio global.
El ingreso de divisas en esta cosecha podría llegar a los 30 mil millones de dólares, si se libera al mercado toda la soja y el maíz que queda aún en poder de los productores. En estos momentos hay una retención comercial mayor a la habitual por la incertidumbre económica que genera el cambio del nuevo gobierno.
Contramarcha
Las medidas iniciales que fueron muy positivas tuvieron un fuerte revés cuando el Gobierno, a instancias de los requerimientos del FMI, implementó un sistema de aranceles a las exportaciones que borró del mapa a la competitividad argentina.
El aumento a las retenciones a las exportaciones, a través de un artilugio que castiga con un impuesto de cuatro pesos por cada dólar exportado y se aplica en forma indiscriminada a todos los productos agrícolas ha causado una pérdida automática en la competitividad agroexportadora.
Esta medida se aplicó a todos los productos en forma indiscriminada, con un mayor efecto negativo a los productos de las economías regionales y a los productos denominados specialities, como el maíz pisingallo, el girasol confitero, la chía, el maní y los porotos, entre otros.
El mayor daño provocado por el Gobierno fue mediante la creación de este nuevo esquema de impuestos, cada vez más distorsivos. Su mayor afectación fue al sector agroindustrial aceitero, al que le niveló el valor de las retenciones del aceite y de la harina de soja con el poroto de soja.
En definitiva, el gobierno decidió quitarle el diferencial de aranceles que le permitía al sector poder competir con el proteccionismo americano y europeo. Esta medida encareció el costo de elaboración, generó un aumento de los costos operativos, quitando competitividad al sector. Así, el Gobierno logró castigar al producto que mayor ingreso de divisas genera para el país: la harina de soja. Todo a contramano de la arenga del Presidente, promover el aumento de las exportaciones con mayor valor agregado. (Agrovoz)


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